Mostrando entradas con la etiqueta ecología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ecología. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de julio de 2014

Evans-Pritchard: El Tiempo y el Espacio Nuer

En esta tribuna de lo cotidianamente complejo nos hemos provisto de una sección ara reflexionar sobre temporalidades y espacialidades. En ese sentido hoy queremos rescatar un clásico de la antropología, Evans-Pritchard y su trabajo “Los Nuer”. En dicho trabajo, el autor entre otras dimensiones de la vida social del pueblo Nuer de Sudán, destaca la interdependencia entre lo ecológico y lo social, marco enn el que inserta su análisis del tiempo y el espacio Nuer.
El tiempo y el espacio son los temas sobre los que Evans-Pritchard reflexiona en el capítulo 3, en el autor realizó un trabajo pionero en cuanto a la desnaturalización de las categorías de tiempo y espacio.  Debemos considerar que en el momento de su trabajo de campo (durante los años treinta del siglo pasado) y al momento de su primera publicación (1940), nuestras preconcepciones del tiempo y espacio eran consideradas en las ciencias sociales occidentales como categorías a dadas, como dimensiones disociadas, tan característica de nuestras culturas en nuestro mundo occidental y acentuado por la modernidad como proceso histórico y cultural.  
Al respecto la influencia cultural que ha tenido en nuestra visión de tiempo una creación cultural como lo es el reloj de pulsera como objeto tecnológico contribuyo a separar, al tiempo del lugar a diferencia de la calendarización espacio referida, aún relevante hasta la aparición de dicha tecnología.
La idea de que el tiempo es algo independiente, cosificado, objetivado y medible ha determinado nuestra moderna y occidental perspectiva del tiempo lo que ayuda a que nuestras formas de observar hacia otros mundos de alteridad cultural se nos dificulte, especialmente en la comprensión de la integración del tiempo en dichos mundos. Nuestro paradigma cronológico nos empuja a pensar que el tiempo es el mismo para todos y en todas partes en relación a nuestra propia perspectiva del tiempo.
Como reflexión introductoria podemos recordar a Norbert Elías y su  filosofía del tiempo cuando planteaba que el tiempo no es un dato objetivo (como la naturalización de su noción en la cotidianidad podría hacer pensar), éste no es un hecho existente externamente (objetivable) o incluso tampoco (asegura) es subjetivo sino que es un dato social, es decir es una forma aprendida y transmitida en la interacción social, con esto quería superar la dicotomía objeto/sujeto, la salida a dicha disyuntiva dicotómica está dada en relación a que el tiempo es parte de todo nuestro acervo aprendido, es por tanto un dato de construcción social y cultural en el transcurso del devenir. (Elias 1989:14-15).
Volvemos ahora a Evans-Pritchard, precisamente las concepciones temporales y su perspectiva del tiempo y su relación al espacio concentra el interés de ésta sección.
Sobre éste fenómeno observamos de su lectura que tiempo y espacio tal y como lo pensamos nosotros (como ya lo señalamos en párrafos anteriores) no operan en las categorías de los Nuer. Éstos, lejos de nuestra separación y nuestras categorías dicotómicas, presentan una relación integrada en la que tiempo, espacio y comunidad se entrelazan de una forma muy distinta a la nuestra.
El Lugar y el Tiempo tienen una relación relevante al menos para una de las formas en las que los Nuer “viven su tiempo”, sobre este respecto Evans-Pritchard  destaca dos formas distintas en las que puede interpretar el tiempo Nuer, por una parte el tiempo ecológico y por otra el tiempo estructural.
Respecto del primero es donde las relaciones ecológico estacionales imprimen una mayor influencia sin embargo dista mucho de nuestra clasificación estacional solar. El tiempo ecológico representan un ciclo anual dando lugar a un ciclo completo de lluvias, sequía, siembras, cosechas, migraciones, su comportamiento es por tanto repetitivo por tanto hablamos de un tiempo que se repite en patrones cortos de un año, de ésta forma un nativo puede ubicarse con mayor certeza en un ciclo de tiempo ecológico.
El tiempo ecológico expresa importantemente las relaciones con el entorno y sus ciclos naturales, esto expresado en sus actividades “económicas” culturales, cada actividad se ubica en el ciclo en función del comportamiento natural de la tierra, la subida de los ríos, las lluvias, el decaimiento de las lluvias, la migración de aves y animales… a cada uno de estos fenómenos le corresponde una actividad en particular por ejemplo: el año tendrá una división gruesa entre la mitad húmeda y la mitad seca, la primera tot que corresponde al proceso de alza de las lluvias mientras que mai corresponde a la mitad en la que las lluvias comienzan a decaer, entre una y otra lo Nuer se mueven para escapar de las inundaciones por lo que preparan campamentos y mueven su ganado de manera que dichas actividades representan una forma de marcar el tiempo en su perspectiva de manera que su concepción del tiempo tiene menos que ver con los meses, ni siquiera con las estaciones sino que con las actividades que ellas implican.
Tot y mai son una serie de actividades que se presagian mutuamente y ordenan el tiempo para los Nuer, actividades en las aldeas y actividades en los campamentos.
En una clasificación estacional algo más fina los Nuer identifican dos estaciones más como son rwill y jiom, la primera marca el “traslado” del campamento a la aldea y de otras actividades como la siembra y es considerada dentro de la mitad tot sin embargo tot es el periodo en que pasan en la aldea.
Por su parte jiom representa el periodo de construcciones de los primeros campamentos y se considera parte de la mitad mai en el año nuer.
Como muy bien destaca el autor tot y mai “no representan unidades puramente temporales, sino que significan el conjunto de actividades sociales características del momento cúlmine de la temporada seca y de las lluvias” (Evans-Pritchard 1977:116), éste hecho es relevante para apreciar la particularidad de su perspectiva en relación a la nuestra que busca definir unidades medibles y exactas en contraste sus “medidas” son flexibles y relacionan un ciclo de actividades a un ciclo conceptual, ambos son interdependientes en función y significado.
Lo anterior explica que los nuer no usen los nombres de los meses sino refieren a las actividades que corresponden a dichos periodos en función del ciclo ecológico en particular.
Por otra parte nos hay conectores entre día/noche y los meses como indicadores de cuando se produjo un determinado hecho, para esos efectos se cuentan la cantidad de reposos y de soles, cuando quieren mayor precisión hacen referencia a los ciclos de la luna.
El curso del sol en el día tampoco entrega precisión horaria sino nuevamente las actividades diarias enmarcadas en el ciclo diario de actividad.
Respecto a sus actividades éstas tienen un comportamiento dinámico durante el año por lo que algunas estaciones son mucho más intensas que otras por lo que el tiempo no tiene el mismo valor durante todo el ciclo, se va más rápido durante que en la temporada lluviosa que en la temporada seca debido a la cantidad y las cualidades de sus actividades, debido a que el tiempo es más un sistema de relaciones entre los grupos humanos y sus actividades, es un tiempo relacional.
Respecto de la flexibilidad en el ordenamiento del tiempo nuer nuestro autor comenta “los acontecimientos siguen un orden lógico, pero no hay sistema abstracto que los controle, al no haber puntos de referencia autónomos a los que tengan que adaptarse con precisión. Los nuer son afortunados” (Ibid:120) los nuer son libres de las amarras métricas del tiempo que si tenemos nosotros.
El sistema nuer para vivir el tiempo es un orden conceptual  de cambios ecológicos relacionados en relevancia variable a las distintas actividades de los nativos.
También hay una conceptualización distinta del tiempo que ya no hace referencia a los vínculos ecológicos y dan cuenta de las relaciones sociales entre los nuer en mutua interrelación. Es a este tipo de tiempo al que nuestro autor denomina tiempo estructural,  esta forma de comprender el tiempo trasciende el ciclo anual y acompaña la organización social y el curso de la vida entre los nuer por lo que es la forma de ordenar el tiempo en la que cada grupo de relaciones sociales tendrá referentes propios en relación al tiempo dando como resultado una expresión relativa a las configuraciones sociales de referentes. En este punto es interesante reflexionar sobre los márgenes del tiempo histórico en los nuer, los que dan un horizonte de aproximadamente cincuenta años diluyéndose en la nebulosidad del tiempo mítico, esto ya que trascendido el horizonte histórico los acontecimientos entran a organizarse dentro del eterno plano mítico.
Es relevante destacar que la distancia entre acontecimientos no era leída en términos temporales sino por las distancias entre los grupos humanos en los que se llama “distancia estructural” de esta manera los acontecimientos pueden tener una ubicación “fija” en el sistema de relaciones sociales sin embargo su posición en el tiempo (cronológico) no es exacta (Ibid:125) por lo que acontecimientos quedan ligados a sus relaciones sociales por lo que el tiempo estructural no puede entenderse sino hasta entender la distancia estructural, la que puede ser de distintos tipos o categorías.
En tanto lo socioespacial también se dan particularidades llamativas por ejemplo la cercanía de una aldea a otra no es necesariamente determinada por la distancia objetiva entre ellas sino relativa a elementos socales o climático ecológicos por lo que cercanía o lejanía responde a elementos no exactos a diferencia de nuestra perspectiva occidental.
Por otra parte sus concepciones regionales o territoriales so  también relacionales, sus aldeas y campamentos se organizan en pequeños grupos incorporados a conjuntos mayores que componen “secciones”.
Una tribu por su parte es el grupo que exige la lealtad de las aldeas y convoca a la unidad para enfrentar la guerra, los nuer realizan la guerra en contra de los dinka y en ocasiones entre otras tribus nuer aunque las guerras entre los nuer poseían ciertas convenciones militares. Este último hecho da cuenta de una situación que expresa una serie de convenciones reparatorias entre miembros de una tribu (los nuer) pero no entre tribus distintas (Ibid p-138) aunque como señala en párrafos posteriores esto da cuenta de las normas no necesariamente de su cumplimiento además de señalar que la vendetta es “una institución en la organización social”.
En términos políticos se destaca en el texto que los nuer no poseen una organización  centralizada por tanto las organizaciones son descentralizadas y no unitarias, los sistemas de alianzas políticas se organizan en función de la oposición a los dinkas y otros grupos externos. No obstante su descentralización política los nuer se consideran a si mismos una unidad cultural (Ibid:140a), se reconocen culturalmente como un “nosotros”.
En éste tópico me resulta muy interesante como los nuer a propósito de lo planteado en el párrafo anterior construyen su alteridad, al respecto rescatamos lo planteado por el autor  “su sentimiento de superioridad y el desprecio que muestra hacia todos los extranjeros y su disposición para luchar contra ellos constituyen vínculos de comunión” (Ibid:140b) si ponemos atención en el fragmento rescatado hay varios elementos que llaman la atención y que dan luces de la construcción dinámica  de la alteridad en la cultura nuer, en ese sentido el “sentimiento de superioridad” da cuenta de la identificación de un “nosotros” o los nuer mientras que dicha superioridad sitúa en una posición de inferioridad a un(os) “otro(s)” que pueden ser los dinkas u otros pueblos no nuer fuera de sus confines lugarizados así mismo el “desprecio que muestra hacia todos los extranjeros” da cuenta de esa disposición hostil a los extraños. Por otra parte “la disposición para luchar contra ellos constituyen vínculos de comunión” nos habla de la guerra, actividad que requiere de la adhesión de parte de la población con fines bélicos dando cuenta de una disposición a fundirse en un sentimiento de unidad como motivador de la actividad bélica, lo que especulo puede estar vinculado a la unión en sus tradiciones y sus pasado mítico común.
Esto nos da la entada para reflexionar sobre la política nuevamente, a este respecto y siguiendo (y simultáneamente interpretando) las reflexiones de Evans-Pritchard la política es también relacional debido a que sus estructuras políticas “solo pueden entenderse en relación a sus vecinos” (Ibid:142) y ellos forman parte de una misma unidad política siempre relacional que se diferencia de la estructura dinka y entre quienes existe una relación de hostilidad que se extiende hacia lo “inmemorial”. En relación a esto último es interesante destacar que el mito, no sólo justifica sus comportamiento social en la alteridad sino que además los define, esto sería válido según el autor tanto para los nuer como para los dinka en relación al mismo mito por tanto la alteridad y su alter dimensión de mismidad están relacionadas al mito común en el que los dinka quedan definidos como ladrones y los nuer como guerreros, si observamos éste detalle lo podemos relacionar a lo planteado en párrafos anteriores. Pero más allá del rol es relevante reflexionar en que el proceso de construcción mítica de la alteridad produjo un nosotros (los nuer) y “otro relevante” (los dinka), por tanto habría entre éstos una relación compleja lo que ayuda a explicar que los nuer considerasen a los jaang (la categoría extranjera a la que pertenecen los dinka) como más cercanos que otros extranjeros (Ibid:147), es una reflexión hipotética personal y lo hago explícito.
En relación a sus actividades bélicas éstas también pueden relacionarse con las estaciones del año, se menciona la etapa de fin de la lluvias como la favorita para incursionar contra los dinkas. También se aporta la hipótesis de que las migraciones nuer han derivado de sus incursiones bélicas (Ibid:145).
En relación a los retornos de las incursiones bélicas, el botín era redistribuido de forma igualitaria entre los integrantes de la comunidad precedido de una seria de rituales y ceremonias de complejidad.
De esta forma hemos querido transitar por distintos momentos del capítulo reseñado rescatando elementos de orden teórico enfocados principalmente a conocer la concepción espacio temporal de los nuer, en que forma difieren de las nuestras pero más relevantemente en destacar lo que a nuestro criterio y según la lectura realizada al texto de Evans-Pritchard constituyen rasgos distintivos de su cultura y cosmogonía.
Quisimos aunque con menos detenimiento relacionar distintos elementos conceptuales sobre la alteridad y los procesos que según observamos en el texto podían estar involucrados en su configuración.
No obstante nuestra reseña estuvo dirigida por tanto reconocemos que realizamos una selección de elementos sobre las que concentramos nuestra revisión dejando por cierto otros fuera como resultado del direccionamiento escogido para nuestra reseña.

Biibliografía

Evans-Pritchard.  “Los Nuer”. (Cap. 3: “El Tiempo y el Espacio)  Anagrama. 1977
Barcelona.

Elias Norbert.  Sobre el Tiempo. Fondo de Cultura Económica 1989 México.








jueves, 22 de mayo de 2014

Los castores Invasores: lenguaje, nacionalismo y ecología política


Acababa de llegar a casa, este 21 de mayo,  en teletrece, el noticiario central del canal 13 en Chile estaban emitiendo un “reportaje”, al parecer llevada ya algunos minutos de iniciado al momento en que comencé a verlo. El título, que figuraba en la parte superior de la pantalla me llamó la atención y me quedé viéndolo intentando desentrañar y como decimos por acá “cachar de que se trataba” , pues el título era ciertamente intrigante.
“El Peligro que viene del Sur”, rezaba el titular del reportaje.. me preguntaba ¿Qué es el peligro que viene del sur?, algo de esta sensibilidad apocalíptica, tan escatológica y corriente en la modernidad tardía parecía anunciarme alguna ironía, alguna exageración.
El título, en mi lectura expectante, parecía tener sus raíces literarias en la literatura de H.P Lovecraft, rememorando cual deja vú la habilidad del autor norteamericano de jugar con las sensaciones de incertidumbre y sobre todo de miedo.
El periodista a cargo del reportaje, cual perito que encuentra la prueba criminal y que desentraña importantes secretos nos mostraba a todos los televidentes sobre el peligro que viene desde el sur, el “temible” castor canadiense. Imágenes de la especie en cuestión mostraban su adorable peligro. Ciertamente, como mostraba el reportaje, en el sur del mundo, algunos estancieros rurales y turísticos se veían afectados por el actuar del temido castor, lo que me parece comprensible y respetable en su posición, entendiendo y conociendo además los llamados "efectos" del castor en sus entornos y las molestias que le significan a quienes conviven con ellos y quienes el reportaje daba voz. No obstante lo anterior, el reportaje en cuestión era excelente material en otras dimensones pues, a pesar de lo ridículo que por momentos parecía el texto y su tono apocalíptico, desde el lenguaje utilizado se podían poner en juego varias cuestiones, partiendo de la incombustible discusión cultura-naturaleza, el nacionalismo, la ecología y el sistema mundial.
Alcance a disparar mi libreta de campo y rescatar un par de registros, sobre ellos versan las siguientes reflexiones.  La tesis de este escrito es que el lenguaje utilizado expresa y proyecta imaginarios sociales de tipo cultural y político sobre el caso de los castores, así estos adquieren en la narrativa una cualidad invasora, y ante la que se opone una resistencia de tipo nacionalista. Todo aquello cruzado por nuevos clivajes medioambientales en los que los castores aparecen como culpables de una destrucción ambiental, destrucción que por otra parte, y en relación a muchas de las encarnaciones capitalistas en el país, medios como aquel noticiario dicen poco o nada, es entonces desde aquella ausencia en la narrativa, que al finalizar termino el texto interrogandolo desde una ecología política.
Nacionalismo y Sistema Mundial
“el enemigo es canadiense y desde hace décadas parece haber decidido hacer suya la Patagonia”, fue la primera de las frases que llamaron mi atención, en ella el periodista tal vez sin querer, introducía la cuestión de la nación y el lenguaje de la invasión. El enemigo, decía, es canadiense y parecía haber "decidido" tomar la Patagonia, en este punto cabría preguntarse si pese a la denominación de la especie como “canadiense” (por cierto introducida artificialmente como constata el mismo reportaje) correspondería asignarle “nacionalidad” al “enemigo”, enemigo por lo demás culpable según el guión, de un plan de conquista. Ya desde el comienzo el lenguaje y sus signos, construye un discurso haciendo un mix entre sentido común, zoología y nacionalismo, se anunciaba así, que se contaría la historia desde la narrativa de la invasión y la resistencia nacionalista. Muy interesante me pareció aquello, lo de la proyección de imaginarios sociales sobre un animal como el castor, sobre todo la proyección de la narrativa nacionalista y su lenguaje algo fuera de usos, en un ejercicio de nacionalismo pan-especie.
Era necesario como dicta la historicidad, conocer algo sobre el devenir y la génesis del problema, la cosa se seguía poniendo interesante a cada segundo.  El origen del peligro que viene del sur (según nos instruía el reportaje) habría estado originado por la importación de un grupo de castores por un empresario argentino cerca de la mitad del siglo XX, su finalidad, un emprendimiento que finalmente fracasaría pero que finalmente legaría la "plaga".
Muy llamativo en este punto del relato son los elementos de la mundialización y el mercado, pues el mercado mundial y el espíritu emprendedor dejarían como legado la intrusión de una especie foránea en ecologías extrañas, así, es el capitalismo el que traslada a esta especie desde el hemisferio norte, cuestión que me parece un detalle relevante y que pasó totalmente inadvertido en el reportaje. Lo interesante es que este detalle permite metaforizar en un sentido crítico, que por una parte puede ser contrastado con la retórica nacionalista utilizada en el reportaje y por otra permite a la vez comprender la génesis artificial de un problema que afecta a la “naturaleza” y a la "sociedad" de forma "natural". Esta cuestión facilitaanálisis observar –como planteara Ulrich Beck (2006)[1]-que en la modernidad tardío, naturaleza y sociedad están civilizatoriamente integrados.
Volviendo sobre la historia de los castores por tierras patagónicas, el reportero nos dice que estos  inician “en el lago Fañano, por decreto del gobierno argentino por 35 años se prohibió su casa” “esto les permitió alcanzar un tamaño poblacional importante y producir un impacto sobre los bosques que es muy muy evidente” , en este punto la cuestión suma otro ingrediente, las relaciones internacionales, en particular con el estado argentino el que es sindicado como responsable de este problema, la invasión. Prosigue el guión, “la Invasión, resta territorio a otras especies (entiéndase nativas) , la cuestión ambiguamente es un problema nacional y ambiental.
Así como los fueguinos humanos, al confundir y proyectar nuestras ideas de nacionalidad, otras especies también sufren de la invasión de los enemigos, así uno de los entrevistados destaca- respecto de las otras especies animales- que “todos estos animales podrían eventualmente ver reducido su hábitat disponible”, subrayo lo de eventualmente pues indica que los invasores son “eventualmente” culpables en la medida de que hay una culpabilidad condicional a la vez que se traslada la contienda nacional sutilmente al reino animal.
Ecología Política de los castores Invasores
Hay un momento bien interesante, el momento in situ, un clásico de clásicos en el género. En este punto vuelvo a las propias palabras del reportero pues es acá finalmente donde estas reflexiones en parte jocosas hacen una inflexión desde el lenguaje hacia la problematización de una ecología política, de esta forma, el reportero parado en la pared de uno de los diques y como quien coteja un Pullitzer, relata en modo serio:  “hemos llegado hasta este lugar para mostrar in situ el efecto del castor en la naturaleza, a mi espalda debería correr un río, pero un castor lo ha represado por completo dejando acumulada el agua e impidiendo su paso”, ante tal demostración de conciencia ambiental me pregunto, si consideramos el lenguaje nacionalista, de defensa de la soberanía nacional y de protección de los “recursos” en los que los castores canadienses funcionan como los invasores destructores de la naturaleza, hubiésemos visto una preocupación anteriormente en aquel noticiero verbalización análoga ante la desaparición de bastantes ríos (incluido el río Copiapó) debido a la acción destructora de otros invasores, por ejemplo grandes mineras, agroindustrias entre otros tipos de emprendimientos, la verdad es que almenos a mi no me ha tocado ver algo así en dicho noticiario. 

Otro entrevistado indicaba que más allá de la tala de árboles centenarios “el problema es que hacen diques, cambian el curso de los ríos y dejan sectores muy amplios bajo el agua”, me quiero detener nuevamente pero con los mismos motivos que en el párrafo anterior, en esta narrativa el entrevistado indica como “el problema” la inundación de amplios sectores por la acción de los diques de los castores. Entendiendo en este punto la preocupación y disgusto del entrevistado y su situación me llama la atención es el lugar dado en el contexto de la arquitectura textual del reportaje al hecho de lo problemático de la inundación de “amplios sectores”. Vuelvo a preguntarme ¿y que decían estos noticieros sobre las mega-inundaciones producidas por los proyectos hidroeléctricos y sus múltiples consecuencias, tanto de las netamente ecológicas derivadas de las inundaciones como las sociales cuando pensamos en la acumulación por desposesión (Harvey 2004)[2] que ha afectado a muchas comunidades tanto indígenas como rurales en el sur e incluso en la Patagonia?, me pregunto si en estos noticieros utilizaban un lenguaje cargado de narrativas de resistencias ante el invasor como lo hacen con los castores, lo cierto es que si algo se ha dicho al respecto en estos espacios informativos sobre proyectos hidroeléctricos ha sido bastante más suave, hidroeléctricas han sido tratadas con guante blanco, los castores invasores en cambio, son candidatos atractivos para comer guaguas. Esta cuestión es relevante pues el tono y la forma del lenguaje muestran espacios bien dibujados en sus ausencias múltiples, uno puede interrogar aquello no dicho desde la deconstrucción y rescatar una que otra cuestión en términos que finalmente exceden los márgenes del texto y sus presencias explícitas
Se prende la resistencia.
“al igual que en el resto de la isla de Tierra del Fuego, en el Lago Deseado le han declarado la guerra al castor e intentan con todos los medios posibles evitar que continúe su reinado”.. remembranzas del iluminismo anti monárquico emergen ahora, la guerra al reinado del castor parece haber comenzado.
La resistencia nacional como no, iría a encarnar  por medio de la  extensión de la comunidad imaginada (Anderson 2011)[3] nacional hacia la animalidad de dos especies nativas, así, en las palabras del autor del reportaje una sorpresa les esperaba a los castores invasores,  “lo que no esperaba el castor es a alguien que se pusiera la camiseta por la defensa de la flora y fauna nacional, el muchas veces criticado Puma”, -antes de seguir no puedo evitar preguntar a la pasada: ¿tiene sentido “criticar” a los pumas?- … estos es tremendo material, “ponerse la camiseta” con la metáfora de los héroes y las gestas deportivas, representando la participación del renegado, otrora “criticado” puma en la defensa nacional ante el invasor.
Otro entrevistado, ahora del SAG agrega una guinda para la torta: “el puma ha asumido un rol patriótico y el zorro también, son nuestros aliados para combatir a la especie exótica”, todo esto con una banda sonora que acompañaba solemnemente cual Rambo nos defiende de los rusos en la guerra fría, la proyección de la defensa y resistencia ante el invasor se proyecta en pumas y zorros, la transposición de las narrativas políticas alcanza en este punto del reportaje su mejor momento. Con realismo de patriota, indican que la población de pumas es escasa y no pueden combatir a todos los castores con lo que la caza liberada de la especie y la utilización de trampas constituye el apoyo inter especie a la patriota gesta del puma.
Fin
Sin gran dificultad uno puede pensar en términos de una metáfora, aunque muy probablemente esa no haya sido la intención del autor del reportaje, la retórica es reiterativa y las palabras conjuran imaginarios de tipo nacionalista.
Por otra parte, la retórica también recupera en la forma de su narrativa mucho de la preocupación contemporánea por el medioambiente y el tema de los “recursos”. Ambos temas, lo nacionalista y los recursos naturales se mezclan en un texto en el que los castores son foco de muy serias críticas y acusaciones, invasión y destrucción ambiental son en este punto las medulares.
Como vimos, son culpables de haber desaparecido ríos, de haber inundado “amplios sectores”, tal  cual grandes emprendimientos mineros, grandes proyectos hidroeléctricos, Estos últimos, con  seguridad con mucho mayores efectos sociales y físicos en magnitud y cualidades que los producidos por los castores invasores, no obstante de estos nada se dice en horario prime, claro, a diferencia de aquellos, los castores no son grades lobbystas que instalan sus hombre en los directorios de los canales, tampoco pagan avisaje, no son un poder fáctico que puedan contrarrestar mediáticamente lo que de ellos se diga en noticiarios. Curiosamente, los castores son canadienses, tal como la Barrick Gold y sus proyectos mineros, depredadores de acuíferos, que secan ríos y destruyen glaciares, canadienses como los castores ¿Barrick no podría acaso ser considerado como un invasor destructor en términos más adecuados que los castores?.
En la narrativa del reportaje, los castores son los invasores y destructores, la retórica es dicotómica y en dicha bipolaridad no hay lugar para grises, los castores son enemigos, invasores y destructores voraces de los recursos naturales. Nada se dice de que han beneficiado la preservación y aumento de algunas especies de peces. Tampoco se dice de que la Lenga- el árbol nativo afectado por los castores- se regenere de sus tocones, nada de aquello pues todo es blanco o negro y con los castores  todo es presentado como negro y poco faltó para “abrir la temporada de castores”, Elmer Gruñon estaría de fiesta. 




[1]       Beck, Ulrich. 2006. “Teoría Política del Conocimiento en la Sociedad del Riesgo” en “La Sociedad del Riesgo. Hacia una Nueva Modernidad”, Barcelona: Paidós. Pp: 71-118

[2]      Harvey, David. 2004. El Nuevo Imperialismo, Madrid, Akal.

[3]    Anderson, Benedict. 2011. Comunidades Imaginadas. México: Fondo de Cultura Económica.

lunes, 24 de febrero de 2014

Desde una Ventana. Los materiales y las casas: Circularidades de la Producción del Espacio en Copiapó

Termina el día en la ciudad de Copiapó en el llamado norte chico de Chile, miró hacia el atardecer y el paisaje, a través de la ventana en un departamento de cuarto piso. Mientras contemplo, el sol se retira tras los oscuros perfiles de los cerros, los que al oeste cierran el valle de Copiapó. Observo el paisaje urbano y la huella desierta de un río  siento el viento venir por el corredor del valle y pienso en que este mismo edificio que uso de atalaya, y en el que  me encuentro mirando -una construcción relativamente nueva-, es parte orgánico de un todo mayor, el de las transformaciones espaciales del crecimiento urbano de la ciudad de Copiapó, aquel  que durante las últimas dos décadas se ha expresado con creciente claridad y que en estos días sigue ganando velocidad. Este contemporáneo crecimiento y sus transformaciones urbanas está estrechamente vinculado a la actividad de las dos industrias regionales más relevantes: la gran minería y la agroindustria, en especial refracta con claridad la trayectoria de sus transformaciones neoliberales iniciadas a partir de 1981.
Productos inmobiliarios, espacio-commoditie
Aquel proceso de transformación económica y urbana está por cierto entrelazado a la desaparición del río Copiapó, río en cuya ausencia física, material y simbólica busco rastrear diversos aspectos de una fantasmalidad que enraíza y conecta directamente a la historia, tanto reciente como de largo aliento en esta minera región del norte de chile, y en particular en el valle de Copiapó y su área urbana. En la huella de la sequedad de aquel río fantasma busco los nodos que conectan elementos como: prácticas, actores, cosas, materiales, tiempos, escalas y espacios que refracten diversas dinámicas de la transformación espacial y urbana. El río fantasma es analizado simultáneamente como una metáfora de la memoria colectiva y el olvido, y como una metonimia material de los devenires del capitalismo en la región, en los que la construcción espacial ha explotado históricamente una fórmula de vinculación sociedad-naturaleza en la que la segunda queda entendida como externa, separada y sobretodo invisivilizada. Es en aquella segunda lectura-la de la metonimia- que exploraremos en estas notas introductorias, siguiendo conexiones entre fenómenos espaciales y sociales, con anclajes dispersos en el tiempo y el espacio pero encarnados a manera de nodo conector en la huella de sequedad del río Copiapó.
Un epifenómeno de aquella red heterogénea y compleja de fenómenos que involucran al espacio, la demografía y la economía, y que resulta especialmente interesante de interrogar es el del crecimiento contemporáneo de la industria inmobiliaria a partir de los años 90´s. Aquella expansión estuvo asociada a las transformaciones y avatares neoliberales de la minería en la región de Atacama.
El departamento en el que miro hacia el paisaje, en realidad no es importante sino como sinécdoque de un todo mayor, el fenómeno de transformación espacial que acompaña a los devenires sociales de la minería local en el contexto del neoliberalismo.
Ocupación económica, producción y destrucción espacial amarran acá un nudo, desentrañarlo es el objeto de estas líneas, especialmente pensando en la explosión inmobiliaria y las huellas materiales de las transformaciones espaciales contemporáneas, ambas que son interrogadas a través de la noción lefebvreana de Producción del espacio (Lefebvre 1991) en el marco de la historia local.
Aquel departamento/atalaya en el que estas líneas inician, así como muchos otros edificios, casas y departamentos además obras de infraestructura representan-según el discurso desarrollista local y los esfuerzos de los medios de comunicación- los frutos más visibles del progreso económico, para quienes sostienen el discurso autocomplaciente respecto del desarrollo local dichas transformaciones son los visibles síntomas que confirman el buen augurio de la apuesta neoliberal al que esta región se ha incorporado.
En tanto cosas, o más bien productos si lo vemos en término capitalistas y marxistas, las obras inmobiliarias se presentan como productos consumados, cerrados a los procesos que les dan curso y existencia, es así que en el misterio abstraído de las dinámicas los diversos procesos que se encuentran en su producción, las substancias (Gibson 1979) o la materia  (Ingold 2013) quedan atrapadas en su auto consumación en tanto cosas, el papel de los materiales -o lo que estos pueden decirnos- quedan abstraídos de sus procesos de producción.
Pienso –a propósito de lo anterior- en algunas reflexiones de Tim Ingold (2007) cuando afirmaba que la antropología y las ciencias sociales han saturado las discusiones sobre la materialidad descuidando la propiedades de los materiales, así-nos dice Ingold- “las propiedades de los materiales, no constituyen atributos fijos de la materia sino que son procesuales y relacionales. Descubrir esas propiedades significa contar sus historias” (Ingold 2013:19). La discusión abierta por el autor resulta en este punto interesante ya desde el énfasis que pone en lo procesual y relacional, así como también en la invitación a reflexionar sobre los materiales que componen estas cosas, lo propuesto por el autor nos lleva a seguir aquellas historias, aquellos procesos encerrados en las cosas, para nuestro caso las casas, la vivienda y los productos inmobiliarios y en particular los materiales que las constituyen.
Así, volviendo a nuestro campo, una de las principales cosas/productos del actual progreso de la economía y el desarrollo del Copiapó minero, son por una parte: las obras de infraestructuras y por otra los inmuebles habitacionales, estos últimos serán para nosotros la puerta de entrada a través de la dinámica de la industria inmobiliaria y sus transformaciones contemporáneas. Así, este departamento, que aparece como una cosa auto-contenida y que hoy uso como un mirador hacia el paisaje urbano y hacia el desertificado lecho del río, ha sido también construido en tanto artefacto, cosa y producto por una serie de agentes, actores y materiales en una red de procesos y relaciones. Respecto de los materiales el autor británico plantea la pertinencia de pensar sobre sus cualidades en tanto materias y no sobre o que les da cosidad.  
El crecimiento neoliberal del último periodo en Copiapó, reflejado en las transformaciones urbanas así como en fenómenos como el crecimiento demográfico, del parque automotriz y especialmente en el explosivo crecimiento de la industria inmobiliaria requieren, a manera de recurso primario, de substancias o material la provisión de variados materiales de construcción, entre ellos hemos querido concentrarnos en los áridos como el ripio, el arena, la gravilla y piedra, habremos por tanto también preguntarnos por  los áridos como materiales, como productos, así la idea de materia prima y de recurso económico requieren de una problematización, preguntas como recursos renovables o no renovables, o si constituye o no un recurso renovable se hacen pertinentes de pensar. 
Extracción de áridos industrializada en el lecho seco del río
Pero volviendo al espacio, al paisaje, es inevitable partir de la paradoja espacial, que actúa como una marca de la fantasmalidad activa de aquel río desaparecido, también como una contracara de aquel progreso que por todas partes parece ser mostrado y vendido es que a propósito de aquellas substancias y materias primas que sirven de sustento a la pujante industria inmobiliaria es que creemos interesante pensar en el mercado de los áridos en Copiapó. Sintomático es también el hecho de que mirando por aquella misma ventana en aquel departamento, puede verse el lecho seco y los emprendimientos de extracción de áridos.
Por qué detenernos a pensar, a ver y experimentar sobre el mercado de los áridos? Ante esta pregunta varias respuestas pueden ser desplegadas, por una parte podríamos responder que pensar en los áridos en tanto materiales, nos lleva a buscar desentrañar la historia  no contada de las cosas del progreso inmobiliario actual en la región y la ciudad, por otra, pensando en dichos materiales podemos encontrar una contracara de aquel progreso urbano asociado a la minería y sus múltiples encadenamientos. Por otra parte, en términos espaciales podríamos responder que en contraste a la modernización del paisaje urbano, el mercado de áridos tiene una localización que se muestra como sintomática, pues ha llegado a asentarse en aquel lecho en el que otrora corriera agua, en el lecho mismo del río Copiapó, cual cadáver usurpado y cuya sequedad sedimentada ha sido convertida en un commoditie rentable. Donde antes corría agua hoy se asienta la industria de la sequedad, contracara del crecimiento urbano es otra más de las que hemos llamado las marcas del olvido. De la mano de la exploración fenomenológica de los espacios (Wright 2005) y del paisaje (Tilley 2004) cómo metodología y de la teoría del actor-red (Latour  2005; Law 2007) pretendemos hilvanar, re ensamblar y reconstruir procesos de ecología política en el marco de los sedimentos espaciales de la historia urbana, social y minera de la región y la ciudad.
Antes de aquella exploración fenomenológica, es necesario y a manera de contrapunto estudiar múltiples hilos de los procesos de transformación del paisaje urbano en la ciudad de Copiapó  través de perspectivas de geografía urbana, luego de contemplar el proceso amplio y heterodoxo de la producción espacial en dicha ciudad durante el periodo neoliberal, en especial luego de las transformaciones jurídicas realizadas en la primera mitad de la década de 1980 como lo fueron las leyes de agua y de minería. El proyecto queda imaginado, vincular el espacio, el paisaje, la producción espacial y la fenomenología en una ecología política de la experiencia  afectiva, material y política. 

Referencias Bibliográficas

-Carrasco, Pablo. 2009. “Crecimiento Urbano de Copiapó: Causales, patrones y perspectivas”, Copiapó: Nodo Tecnológico Atacama Urbano.
-Ingold, Tim. 2000."The Perception of Environment: Essays on Livelihood, Dwelling and Skills", London and New York: Routledge 
-Ingold, Tim. 2013. "Los materiales contra la Materialidad". En Papeles de Trabajo IDAES 7(11): 19-39
-Law, John. 2007. “Actor-Red Theory and Material Semiotics”. En: Ant.5.doc, 25 april.
-Latour, Bruno. 2004. “How to Bring Collective Together”. En: Latour, Bruno “Politics of Nature: how to bring sciences into democracy”, Cambridge, Massachusetts, London: Harvard University Press.
-Latour, Bruno. 2005. "Reassembling the Social: an introduction to actor-network theory", Oxford: Oxford University Press
-Lefebvre, Henri. 1991a. “The Production of Space”, Oxford: Blackwell.
-Lefebvre, Henri. 1991b. “Space: State Social Product and use value”. En: Lefebvre, Henri “State, Space and World”, Minneapolis: University of Minnesota Press. Pp. 185-196.
--Marx, Karl. 1967. “El Capital. Libro I”, Buenos Aires. EDAF.
-Marx, Karl. 1973. “Contribución a la Crítica de la Economía Política”, Buenos Aires: Ediciones Estudio.
-Tilley, Christopher. 2004. “The Materiality of Stone: Explorations in Landscape Phenomenology", New York: Berg
-Wright, Pablo. 2005. “Cuerpos y Espacios Plurales: Sobre la raíz espacial de la práctica etnográfica”. En Indiana 22:55-72
-Wright Mills, Charles. 1986. “La Imaginación Sociológica”, Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.

martes, 3 de septiembre de 2013

A Propósito de los Glaciares: La Ley de Protección en Argentina, su proceso legislativo y algunos puntos claves


Publicado en Atacamaviva 08/08/13
Intentando que mi condición de copiapino migrante en tierras argentas me permita conectarme, aunque sea en la reflexión política y medioambiental a mi tierra natal entre cerros enclavada, es que me gustaría compartir algunas ideas respecto la Ley de Protección de Glaciares en Argentina, a propósito de que es una herramienta jurídica que en Chile no existe, aun.
Pensando ciertamente, en una discusión política, práctica y con proyecciones de transformación en el corto plazo aunque inserta en una prospectiva de procesos mayores. Nos proponemos en esta columna revisar brevemente el caso de la ley en Argentina con miras a una potencial y a nuestro criterio también necesaria discusión al respecto en Chile y en Atacama.
Lo anterior por cierto en un escenario en el que el agua sigue siendo un bien transable, en un mercado heredado de la dictadura y por cierto tributario de la activa indiferencia concertacionista.
Mi opinión política y mi convicción ética es que el agua debe volver a ser un bien efectivamente público, no obstante lo anterior creo que lo segundo, la discusión sobre una legislación de protección glaciar es  imprescindible en el ahora, aunque debo destacar que me refiero a un ahora inserto en una lógica no dislocada de un largo plazo.
Una legislación de protección glaciar es necesaria por varias razones y muy particularmente en nuestras regiones del norte chileno, en la medida de que las principales industrias productivas demandan bastantes recursos hídricos en un escenario en el que el agua, no solo es escasa sino que cada vez lo es más.
Los glaciares son de vital relevancia para los valles y las cuencas hídircas, proyectos como el de Pascua Lama en el Valle de Huasco afectan directa e indirectamente los glaciares de la cordillera, amenazando al valle en su integralidad, una ley de protección glaciar sería una importante herramienta de corte y freno a los intereses extractivos de corto plazo, que proyectos como el de Barrick representa, También para el caso de Cerro Casale en el Valle de Copiapó, pero más allá de los casos puntuales, una normativa como aquella sería un corta fuegos que representaría una garantía hoy inexistente para las comunidades locales ante las demandas de protección de su medioambiente.
Como mencionábamos en las primeras líneas, en  Argentina, a diferencia de nuestro país si existe una ley de protección de glaciares, promulgada el año 2011 luego de bastante discusión y no pocas negociaciones (su versión original en 2008 fue vetada por la presidenta). Aunque creo debe considerarse un avance importante respecto a carecer de una ley en ese tema, no menos cierto es que la ley finalmente después de ese proceso  promulgada es aún insuficiente, de hecho muchas voces críticas se han levantado contra el producto final de dicha ley, lo anterior resulta interesante en la medida de que nos llama a des fetichizar la normativa per se y concentrarnos en el proceso legislativo y político de su desarrollo. Resulta provechoso creo, revisar brevemente en una mirada crítica el proceso general de dicha ley.
El Proceso Lesgislativo
El año 2008 la diputada Marta Maffei presentó en el congreso nacional un proyecto de ley de protección de glaciares, proyecto que concitaría apoyos parlamentarios y que sería de hecho aprobada   en el congreso. Se trataba de una ley bastante aguda y que aseguraba un importante grado de protección de los recursos hídricos y los glaciares en Argentina. Desde las comunidades y las provincias cordilleranas del país, las que principalmente se ven afectadas medioambientalmente por la gran minería desde las reformas neoliberales de Menem en los 90´s, la ley parecía dejarlos satisfechos en sus demandas originales, sin embargo la ley sería vetada totalmente por la presidenta Cristina Fernández, la que haciendo uso de la prerrogativa del veto presidencial la eliminó en su totalidad.
Conocida es por cierto la alianza del oficialismo Kirchnerista con Barrick y con la megaminería como proyecto de “desarrollo”, también es conocida la resistencia de las comunidades cordilleranas de provincias como La Rioja, Catamarca y San Juan ante los intereses de la megaminería y a algunos de sus más emblemáticos proyectos extractivos. Con todo lo anterior no resulta difícil comprender el veto presidencial, no obstante la historia no acaba ahí.
La posta, es retomada por el diputado Miguel Bonasso quien fuese en algún momento parte del oficialismo (posteriormente se convertiría en opositor desde la izquierda) y que llego a presidir la comisión de recursos naturales. En el ejercicio de dicha labor, Bonasso  retoma el proyecto original y lo complementa con el objeto de someterlo nuevamente a votación, no obstante la resistencia a su aprobación se mantenía, fue necesaria la entrada en escena de un tercer actor, el senador Daniel Filmus.
Este último, también parte del oficialismo progre realizaría algunos cambios al proyecto presentado y lograría tejer los apoyos tanto parlamentarios como ejecutivos para su aprobación, fruto de lo anterior es su aprobación en el 2011 con el beneplácito del gobierno y la tranquilidad de las empresas.
Lo último es relevante puesto aunque la ley posee elementos valorables, son los pequeños detalles introducidos en la versión final los que permiten la “autorización” oficialista y la aceptación de sus aliados de la minería transnacional.
Puntos Claves
Como puntos clave, la reducción y sobre todo la falta de una definición adecuada del área periglaciar, si esta área no es bien definida entonces la zona efectiva de protección queda en la práctica reducida, para el caso argentino la no definición adecuada permite a las megamineras trabajar en áreas que afectan indirectamente al glaciar en sus procesos de reproducción. Este es un punto clave puesto aunque se incorporen y tipifiquen actividades como “prohibidas”, dichas prohibiciones y sus esperados efectos protectores quedan limitadas si la definición del área glaciar global es reductiva en su definición original. 
Lo anterior nos lleva a problematizar el para qué de todo, para que proteger los glaciares? Al respecto la ley Argentina aunque con flancos abiertos si avanza en considerar la reserva hídrica glaciar y sus preservación como objetivo estratégico en función de  dimensiones clave como el consumo humano, la agricultura, la recarga hídrica de la cuenca, la investigación científica y el turismo. Se trata de una amplia gama de objetivos, lo que supone una mirada de protección en función de múltiples factores (social, económico, ecológico etc), sin embargo a dichos objetivos se ha sumado en la versión finalmente aprobada el desarrollo industrial (principalmente megaminero), lo que ha implicado que la conflictividad con las comunidades se mantenga en las provincias cordilleranas.
En ese sentido y poniendo ambas realidades (Argentina y Chilena) en perspectiva comparativa,  Chile tiene el importante obstáculo de la mercantilización del agua, por lo que una normativa de protección de glaciares aunque relevante no terminaría de solucionar el problema general.
Una normativa de protección de glaciares en Chile, aunque necesaria no debe ser pensada  segmentadamente sino como parte de un programa de largo plazo que incorpore discutir el corazón del paradigma en relación al problema hídrico como lo es la comoditización del agua.
Por otra parte el proceso legislativo muestra que en el transcurso de las negociaciones la ley arriesga sus puntos clave, lo que muestra a su vez el alcance de la influencia del poder económico transacional una vez que este y el poder político nacional establecen su alianzas.
Comentarios finales
Lo reflexionado anteriormente y considerando tanto el caso Argentino como las condiciones de la situación chilena, podemos concluir paralelamente dos ideas que pueden ser de potencial provecho con miras a una discusión local y regional en Atacama, por una parte que:
-Una legislación de protección de glaciares aunque necesaria, podría por terminar en letra muerta sino se atienden a factores claves como la definición clara y global del área glaciar protegida y si no se discuten y luego se definen los objetivos, el para qué y el para quien.
-Una medida como la anterior debiese insertarse dentro de un proyecto de largo plazo, una perspectiva que apunte a cuestionar los fundamentos del mercado en nuestras relaciones medioambientales desmercantilizando para comenzar, el agua.

En lo político institucional, de llegar a existir un proyecto de ley en este tema, los procesos legislativos deben ser en sus núcleos fuertes” empujados y dirigidos desde “afuera del parlamento” por la ciudadanía, en la medida de que como el caso de la ley argentina en cuestión muestra, el proceso legislativo “adentro” pone en riesgo aspectos clave de los proyectos. El parlamento pienso, debe ser disputado e interpelado, lo que interpela a su vez la participación y la acción de la sociedad civil, no planteo un bypaseo a lo institucional sino más bien poner a la institución en tensión desde los márgenes de la política tradicional.

martes, 16 de abril de 2013

Destrucción del Espacio y Abstracción Capitalista en la desaparición del Río Copiapó


La Sobre Explotación y el Olvido Ambiental:

La Minería y la Agroindustria. Foto: Oestezonadura.blogspot.com
Versión complementada con notas bibliográficas de un artículo antes publicado en Atacamaviva. El escrito busca reflexionar en las vinculaciones entre las formas de relación económica e instrumental entre sociedad y naturaleza, interpretando el espacio como relación social conflictiva, dando lectura al desastre y la crisis ambiental local.

Voy a volver sobre un tema al que he estado vinculado durante los últimos años, el Río Copiapó, pese a que como planteaba he estado en un aserie de actividades que se vinculaban al río Copiapó desde distintos ámbitos, no ha sido un tema sobre el que haya escrito con regularidad, tal vez por la cercanía haya tomado cierta distancia desde la escritura.
Propongo pensar el espacio, nuestro espacio social y ecológico, para eso referiré al río Copiapó y su lamentable proceso en los últimos tiempos, su agonía, su desaparición y muy especialmente el olvido colectivo en el que quedó por algunos años, lo anterior no para suspendernos en un lamento sino para reflexionar y dar paso a ideas algo más optimistas al respecto, también para la crítica.
Bastante hemos conversado en el espacio público en los últimos años sobre el río, sobre la crisis del agua y el papel de las grandes industrias tanto minera como agroindustriales, es así como sabemos que la distribución de los recursos hídricos de la cuenca existe una altísima concentración de derechos de aguas en los rubros industriales, quedando el consumo potable del valle en un minoritario 15% (promediando porcentajes de diversos estudios) versus un 85% para fines industriales, las cifras son claras, las prioridades parecen estar desequilibradas.
Con lo contradictorio que resulta por lo demás tener un sistema de mercado del agua que opera en base a “derechos”, las comillas están puestas puesto es conradictorio que los derechos se vendan, o al menos contradictorio podría parecer a cualquiera que piense un poco sobre aquello, lamentablemente se trata de algo bastante sintomático de nuestro ordenamiento jurídico neoliberal, no obstante no es donde quiero llegar.
Por otra parte hemos sufrido en nuestros propios hogares y en nuestra cotidianidad la mala calidad de las aguas de consumo potable distribuidas por la empresa Aguas Chañar, mala calidad que está vinculada al descenso de las napas subterraneas puesto el agua de mejor calidad, la superficial está repartida entre unas cuantas empresas aparentemente agroindustriales.
El consumo industrial desenfrenado, la muy inadecuada política de regulación normativa de las aguas, y sobre todo la mercantilización del agua instaurada en dictadura han terminado por configurar un escenario de crisis  el que si bien está aún en desarrollo, se comenzó a hacer patente con la desaparición del Río Copiapó el año 2004.
Entrando ya en materia invito a pensar sobre nuestro espacio, entendiendo el espacio como el escenario geográfico, como la naturaleza que entra en interrelación a la vida social, económica y política. En esa mirada del espacio, podemos pensar sobre las transformaciones en el, si recogemos lo mencionado en párrafos anteriores sobre la crisis hídrica y la desaparición del río claramente hay una transformación espacial evidente, una transformación que muy bien podemos entender a través de un calificativo más drástico, como una marca de la destrucción del espacio evidenciada en la desaparición del río Copiapó, fenómenos sobre cuyas causales ya nos referimos, aunque muy superficialmente pero también muy concretamente.
El ambiente, el lugar, el espacio y el paisaje, han estado por lo general bastante ausente de las reflexiones históricas y sociales en la literatura nacional y regional, a no ser por acercamientos formales o marcadamente positivistas no ha tenido lugar destacado en los estudios,
Desde las nuevas aportaciones de la geografía Edward Soja ha planteado a manera de interpelación a algunas perspectivas de los estudios sociales que la exclusión de una dimensión espacial al hacer análisis de la existencia social ha generado una distorsión ontológica relevante1, llamado de atención que compartimos y recogemos.
En función de lo anterior creemos que la dimensión espacial debe ser revalorada y repensada en una perspectiva relacional como la redivada de Lefevbre y sus continuadores críticos (radicales y posmodernos), de esta forma y complementándolo con aproximaciones sociológicas podemos recoger y criticar la idea de Connerton (2010) cuando afirma que el paisaje implica una negación2 (aunque no reconocida) del papel de la mano de obra en el proceso laboral de transformación del medio, creemos que acierta en identificar un proceso de abstracción y olvido relacionado a los procesos productivos, no obstante al igual que críticos del desarrollo,clásicos y neoclásicos el autor falla al concentrarse exclusivamente en los micro procesos laborales, creemos que esta perspectiva termina por ocultar una abstracción mayor al dejar de considerar a los proceso laborales como un fenómeno integrado a una globalidad, abstrae la interacción espacial3.
En términos conceptuales y siguiendo algunas ideas del filósofo Henri Lefevbre (1974) consideramos de que el espacio es una relación social4 , relación ciertamente dinámica en el que sociedad y naturaleza interactúan, es decir es un fenómeno relacional y que no está exento de conflictos.
En relación a lo último recogemos lo planteado por el antropólogo Gastón Gordillo (2010) en relación a las contradicciones que el espacio captura5 , buscamos vincular el papel de las relaciones conflictuales entre sociedad y espacio en el marco del desarrollo local, escenario en el que la economía local y su devenir histórico es clave en más de un sentido. Lo anterior nos lleva a pensar que la destrucción del espacio, expresado en la desaparición del río Copiapó, nos muestra y a la vez nos esconde fenómenos que subyacen a lo superficial y sobre las que gran parte de las literaturas nacionales y regionales no han explorado aun, es más, muchas de estas en ciencias sociales se han hecho carne en una forma de a-espacialidad. 
Atendiendo a las ideas anteriormente relacionadas, si el espacio es una relación social, es una relación de múltiples dialécticas, y una muy importante es la que caracteriza a los procesos capitalistas como los que han generado las configuraciones y reconfiguraciones de nuestro espacio local, las que han constituido lo que conocemos del paisaje, el territorio Copiapino, hacemos con esto una referencia a los procesos extractivos históricamente mineros, en especial de los capítulos decimonónicos y los giros sociales, políticos y ambientales que esto supuso para el futuro devenir y para nuestro presente, a lo anterior es necesario además sumar la incorporación de un sector agroindustrial durante los años 80´s, en el marco de las transformaciones neoliberales que transformarían los resabios de las formas agrícolas, alquímia económica que transformaría buena parte del terreno cultivable del valle, tecnificándolo y racionalizándolo según el buevo canon agroproductor.
Estas relaciones económicas, históricamente estructuradas han derivado en un proceso silencioso de destrucción ambiental, el que se ha hecho cada vez más profundo y que ha emergido visible en el nuevo paisaje de sequedad, aunque socialmente silenciado e invisible. 
Foto: perspectiva desde el Lecho Seco
Esta destrucción del espacio en Copiapó (y su valle) no solamente nos ha dejado un suelo seco como marca espacial de dicha destrucción -de cuyos fundamentos causales ya hicimos ligera referencia- sino que además nos ha dejado develado un fenómeno asociado -aunque no directamente ni de manera causal a dicha destrucción- como lo fue el olvido social en el que quedó el Río durante algunos años luego de haberse secado, este olvido no solo fue social y subjetivo sino que tuvo sus correlatos urbanos cuya evidencia fue la marginalización de dicho espacio, negando su condición de lugar y convirtiéndose en un espacio olvidado, cargado de silencios, un vacío lleno de tramas invisibles.
La desaparición del río y el olvido se cruzan, se relacionan, no obstante sus naturalezas sean distintas, aunque uno sea un fenómeno más bien objetivo-ambiental y el otro de naturaleza subjetiva-cultural, ambos se encuentran en una intersección, en la amplitud de su cualidad social.
El río por tanto funciona en una doble dirección, o más bien como dos figuras, en un sentido como una metonimia/sinecdoque (el todo sustituido por la parte) de una destrucción mayor, de una sistemática dinámica extractiva que extiende su biografía estructural atravesando la historia minera local y nuestra inserción en los mercados internacionales, en la forma y devenir del capitalismo y su encarnación local, proceso del que podemos ahora encontrar sus marcas, en un presente que nos encuentra en un modelo de desarrollo que no ha tenido adecuada planificación, ni es sostenible y que está orientado en una dirección de relacionarse exclusivamente de forma instrumental y utilitariamente hacia la naturaleza, es decir que la desaparición del río es una muestra de una dinámica estructural e histórica, la que si bien está inscrita en los proceso neoliberales de las últimas décadas, se conecta en tanto dinámica a genealogía de mayor data. 
La mala calidad del agua, la muy desigual distribución hídrica, la deshidratación de la cuenca, la contaminación del aire por los relaves mineros son todos fenómenos que se enmarcan en una forma general de relaciones entre la sociedad y el medio ambiente, dan cuenta de un fenómeno de envergadura del cual el desaparecido Río y su suelo seco es uno de sus aspectos más visibles.
En otra dirección, el río, en tanto espacio destruido, caudal desaparecido y sobre todo resaltando la sequedad…. tiene una relación metafórica (una cosa sustituida por otra distinta) con la memoria, representando nuestra memoria espacial, dando cuenta del olvido en el que estuvo durante algún tiempo hemos tenido para con el y sobre todo la apatía con la que nos mantuvimos como sociedad.
Foto: el lecho seco de lo que fuera el Río Copiapó en el tramo urbano
El río es un significante simbólico poderoso, que nos conecta a los procesos creativos/destructivos de la economía minera y agroindustial neoliberal; y por otra parte nos conecta a nuestra propia memoria colectiva, a nuestra propia amnesia y apatía, un proceso envolvente e inconsciente que he denominado conceptualmente como el olvido colectivo.
Es interesante preguntarnos por ese olvido, por sus procesos de configuración, sus anclajes y su naturaleza, mi impresión preliminar aunque abierta, es que está relacionada a las formas de ocupar el espacio en el capitalismo minero, a las formas en las que construimos sociedad en estos parajes, formas que se esconden detrás desde la llamada y vistosa “identidad minera” de nuestra ciudad, creemos que esta debe ser estudiada y deconstruida (en sentido derrideano), en tanto construcción discursiva revisando algunas de las más recurridas literaturas regionales6 que han fundamentado tal vez sin proponerselo a la consolidación de un discurso identitario en torno a la minería.
Nuestra hipótesis-siempre jugando con las ideas- es que la consolidación de un mundo minero derivaría formas de vinculación sociedad-naturaleza las que de forma subyacente a las manifestaciones esencializadas y objetivadas del discurso histórico de manera consciente y racional, operarían inconsciente y estructurantemente en las esferas de sociabilidad, espacialidad y de temporalidad, así, en el marco de condiciones de una permanente transitoriedad7 , se tejerían hilvanando continuidades y sobre rodo disrupciones, la permanente transitoriedad juega como el marco dinámico y estructurante del olvido.

No obstante lo anterior, es importante creo subrayar el no perder el marco histórico de los fenómenos, y como ya hemos planteado anteriormente éstas ideas deben leerse en el marco de un proceso plenamente capitalista como lo ha sido el de minerización de la región8, esto es un proceso de larga data que marca con sus propios vaivenes el camino de especialización minera en la región, si bien no es un proceso lineal sino en el que las continuidades se entrelazan a formas de discontinuidad. No obstante sus formas subyacentes, en este caso las estrategias productivas en su lógica de operar sobre y con el espacio, no solo lo transforman sino que además contribuyen según creemos a disociar o abstraer lo social de lo espacial, una alienación espacial, la que es una forma local de vincularse dialécticamente al espacio y al medio ambiente, por cierto que en una forma de negación, mediante la vinculación instrumental y explotadora de la naturaleza, relación en la que se “utiliza y a la vez se invisibiliza” a la naturaleza objetivada y que no puede sino ser destructiva en sus procesos creativos.
Volviendo al olvido, hace algún tiempo en un encuentro sobre historia en el que abordamos “el olvido del río”, una asistente me planteaba que en su opinión no había un olvido del río puesto ella y algunas personas que ella conocía “recordaban el río”, y bueno es cierto,ese es un tema interesante.. que nos hace destacar que lo que planteamos es en relación a la memoria colectiva y no sobre el recuerdo personal e individualizado, en esa dimensión en la que nos preguntamos por las formas de nuestra memoria, mi lectura es que si, hay un olvido y es importante, y lo característico es que ha habido un olvido colectivo.
Al respecto puede resultar adecuado recurrir a nuestra experiencia y decir que hemos tenido la oportunidad de conocer muchas fotografías, muchísimas experiencias y recuerdos del río Copiapó, las que fueron rescatadas y compartidas en la campaña que Atacama59 realizó el 2011, en aquella experiencia nos encontramos efectivamente con la constatación de que aunque si bien muchas eran las experiencias y recuerdos del río, estas estaban en el ámbito de lo privado, eran memorias individuales las que paradójicamente habían sumado un olvido colectivo, lo que podemos vincular a lo efímero del lazo social9 en la literatura de la sociología de la memoria fundada por Halbwachs (2011[1950]).
El hecho de que nuestras memorias no hayan tejido y heredado una memoria colectiva nos dice bastante de nuestras formas de sociabilidad, pero sobre todo de las condiciones estructurales e históricas en las que hemos transitado socialmente, en las que las relaciones instrumentales y el individualismo ad hoc al contexto capitalista y en la última coyuntura, neoliberal, ciertamente tiene alguna ponderación importante aunque no determinante.
No obstante para cerrar y dejar algunas ideas más optimistas para una próxima entrega, me gustaría dejar planteado que este contexto de desaparición y olvido creo que está dando paso a otra etapa, una etapa en la que ciertamente el río ha ganado posiciones en el discurso público, un lugar en el discurso ambiental y también muy importantemente en el sentido común de copiapinos y copiapinas.
Si la destrucción ambiental y el olvido estaban vinculadas a través del río seco, el mismo río en tanto dispersos recuerdos individuales, experiencias e imágenes privadas se han tejido punto a punto en un telar de la nueva memoria, en tanto símbolo de la destrucción puede ojala, inspirar una lucha necesaria y que puede dar cuenta o tal vez incluso construir una situación distinta, pensando en términos cualitativos, creo que el ahora ya ha comenzado a ser distinto, al menos es bastante claro de que hay condiciones sociales a nivel nacional y global que benefician nuevas sensibilidades.
Finalmente el río nos ha interpelado... ante nuestro espacio destruido, ante nuestra apatía de muchos años, y de dicha interpelación puede surgir una situación distinta pero ese tema debe ser desarrollado en sus propias líneas, tal vez en una nueva entrega.


1Soja W. Edward. “Seeking Spatial Justice”. University of Minnesota Press (2010)
2Connerton, Paul. “How Modernity Forgets” p-41. Cambridge University Press (2009)
3La centralidad de lo laboral abstraido del espacio puede estar originada en que sus ideas han sido pensadas para el primer mundo, en donde parte de los procesos laborales más visibles en los procesos industriales parecen estar a-espacializados. No obstante creemos que la identificación de una abstracción u olvido en el marco de procesos laborales en los que el mismo actuar queda abstraído de si mismo nos permiten apoyar una perspectiva de encuadre espacial de la abstracción.
4Lefevbre, Henry. “La Producción Social del Espacio”. Papers Revista de Sociología, N° 3 (1974)
5Gastón Gordillo. “Lugares de Diablos. Tensiones del Espacio y la Memoria” p 22-24. Prometeo Libros (2010)
6Alvarez, Oriel. “Atacama de Plata”. (1979) ; Caballero, Tusell. “Crónicas Copiapinas: Libro Dos”. Rotary Club Oriente Copiapó. (2012) ; Sayago, C. 1973. “Historia de Copiapó”. Editorial Francisco de Aguirre. Buenos Aires; Villalobos, Sergio. “Minería y Política”. Fundación Tierra Amarilla (2009).
7Astudillo P, Francisco. “Ahistoricidad y Minerización del Territorio: El caso de Copiapó y su Valle”. Actas de V Encuentro de Historia Local PUEBLO HUNDIDO, FRONTERA NORTE DE CHILE EN EL SIGLO XIX. Departamento de cultura I. Municipalidad de Diego de Almagro (2011). Esta ha sido trabajada anteriormente en nuestra crítica teórica de la historia, la que como condición de sociabilidad y sobre todo de temporalidad accidentada y marcadamente discontinua subyacen a las formas en que hemos construido sociedad en la ciudad y el valle.
8Proceso derivado de la incorporación histórica de la región al capitalismo mundial, al respecto recurrimos las obras de: Coronil, Fernando. “El Estado Mágico. Naturaleza, Dinero y Modernidad en Venezuela”. Nueva Sociedad (2002);Gunder Frank, A: Chile: Desarrollo del Subdesarrollo; Revista Montlhy Review; Wallerstein, Immanuelle. “El Moderno Sistema Mundial I”. Siglo XXI (1979); Wolf, Eric. “Europa y la Gente sin Historia”. Fondo de Cultura Económica (1997). No obstante le damos una problematización propia, el concepto lo proponemos en el trabajo de la nota bibliográfica N°7.
9Halbwachs, Maurice. “La Memoria Colectiva”, pp 71-75. Miño y Dávila (2011)