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lunes, 7 de abril de 2014

Dinero y Política: financiamiento y mercantilización electoral en Chile

En el siguiente texto coyuntural hago referencia a discusiones políticas en el contexto del inicio de un nuevo periodo parlamentario en Chile, el texto ha sido publicado ya por la revista Atacamaviva.
Durante la última semana, una propuesta de los diputados Gyorgio Jackson (Revolución Democrática) y Gabriel Boric (Izquierda Autónoma) ha generado una saludable aunque parcial e insuficiente discusión sobre el dinero y la política. La propuesta en cuestión refería a la disminución de la dieta parlamentaria en un 40%. Sabido es por muchos que nuestros parlamentarios tienen un nivel de ingresos muy por sobre el promedio de los sueldos y salarios en el país, aun descontando las asignaciones por servicios de asesoría la llamada “dieta” parlamentaria es en efecto excesivamente alta y en todo el periodo post dictatorial nunca parlamentario alguno elevó una propuesta que tocara ni mucho menos visibilizara la cuestión de los ingresos parlamentarios, claro está, hubiese sido un autogol ante sus propios intereses.
Así, para partir debemos saludar la propuesta de Jackson y Boric, resulta una señal política clara en relación a la apertura de nuevos aires en la políticamente, ahogada atmósfera del congreso nacional, no obstante creo que valorando lo positivo de lo propuesto me parece que  mantener el foco del debate exclusivamente en aquel punto arriesgamos perdernos la oportunidad de ampliar la discusión, más en una lógica de proceso en torno a la política y el dinero, y no de la remuneración como objeto.
A estoy refiriendo? Al financiamiento de la política, creo que este punto es nodular en la medida de que refiere a los mecanismos institucionales que significan la (im) posibilidad de una real competencia electoral, y con ello en tanto elemento estructurante, configura los distorsionado filtros que vician la democratización de las candidaturas.
La actual ley de financiamiento electoral es un traje a la medida de quienes usufructúan del parlamento y de varios de los partidos tradicionales, tal como las dietas auto reguladas, no obstante en el caso de la ley de financiamiento tenemos un elemento orgánico que configura una especial ventaja para las elites de la llamada clase política y sus financistas, quienes invierten sus activos en las campañas que mejor se adaptan a sus propios intereses.
Hay en la concepción misma de nuestra ley de financiamiento a la política, en su fundamento ideológico una naturalización del lugar del dinero en la sociedad, bajo estos supuestos que pasan a ser inconscientes, para hacer política y sobre todo para entrar electoralmente al mundo de los políticos profesionales hay que tener plata, o representar veladamente los interés de quienes la tienen.
Nuestra legislación de financiamiento beneficia por una parte a quienes ya están “dentro”  como a quienes viniendo de “afuera” cuentan con financistas. Así, quien cualquier ciudadano que venga a intentar competir no tendrá condiciones efectivas de competir si no viene desde adentro o si no cuenta con financistas privados. Configurada así nuestra actual ley garantiza una vinculación obscura, opaca y subterránea entre el mundo de los mercados y el parlamento, es además una barrera prácticamente infranqueable para quienes quieran disputar los grandes bloques desde otras sensibilidades políticas, por lo tanto una reforma política que apunte a democratizar el acceso al parlamento debiese no solo desarticular el binominal sino que además, como condición necesaria la actual ley de financiamiento electoral. Todo esto claro no es ninguna novedad, sin embargo la oportunidad abierta por Boric y Jackson hacen que se vuelva buen momento para problematizar el tema desde los mecanismos institucionales que rigen el juego electoral, hasta los fundamentos ideológicos del libremercado en la cultura.
El dinero manda sobre la política y esto no solo no debiese ser así, sino que además debiese ser discutido seriamente en los términos que corresponde, pues corremos el riesgo de que pasen otros cuatro años hasta la próxima elección y tengamos que presenciar como candidaturas honestas e interesantes como la de Francisco Figueroa (Izquierda Autónoma) y otros candidatos independientes tengas solo fracciones de segundos en el reparto monopólico del tiempo de exposición en las franjas electorales además de muy escasos recursos en comparación a las candidaturas “aventajadas”. Si la ley de financiamiento fuese discutida en sus mecanismos y sobre todo primero en sus principios éticos, varias candidaturas posibles dejarían de ser testimoniales, al menos en las elecciones parlamentarias.
Para ilustrar el componente ideológico al que quiero referir, me gustaría recordar y analizar algunas palabras del ex candidato presidencial Franco Parisi al reconocer su derrota en diciembre pasado, en aquella oportunidad el candidato, así se refería el ex candidato a la cuestión que nos concentra “en regiones arrasamos… pero aquí perdimos en Santiago… ¿y saben porque perdimos? Por que no teníamos billete!! Si nos vemos el 2017 antes voy a juntar platita para poder comprar publicidad”, transcribí aquel extracto puesto me parece representa la medida en que el libremercadismo o neoliberalismo cultural está inserto, naturalizado y transformado en parte de la realidad. Las palabras de Parisi representan además el corazón inconsciente de una candidatura que aunque haciendo visible el problema cuando identificaba como parte de su derrota en Santiago el no haber tenido “billete”, no cuestiona el mecanismo sino la condición circunstancial de no haber tenido ”billete”, con esto el ex candidato Parisi nos muestra que para el (así como para muchos otros), se hace natural que sea necesario tener dinero para competir en política, en esa misma línea sintomáticas fueron sus palabras cuando dijo “Si nos vemos el 2017 antes voy a juntar platita para poder comprar publicidad”, el candidato antes que politizar el debate contribuye a la normalización de los vínculos entre dinero y política, explícitamente acepta-cual borreguito autómata- las reglas actuales y se va a “juntar platita” para poder comprar publicidad, ahí un buen ejemplo de lo vacío y despolitizante de todo en su propuesta.
Sin embargo, creo que Parisi habla desde un lugar de ciudadano y como tal, representa muy bien el sentido común y eso es lo interesante, el sentido común neoliberal que como fenómeno sociológico silenciosamente se ha transformado en el aire respirado, en la condición irreflexiva de la política actual y su imbricación mercantil.
Si discutiéramos en serio los vínculos entre dinero y política, su visibilizaramos la hegemonía de algunos supuestos neoliberales en el sentido común, parte del paisaje político parlamentario sería distinto, el campo de  lo electoral podría abrirse varios grados como espacio de disputa, para aquello creo, es necesario trascender la discusión de la dieta parlamentaria, es decir, abarcarla e integrarla a un debate más amplio que desnude la comodidad autoconstruida por los monopolistas de la política profesional en estos últimos veinticinco años.
Con una ley de financiamiento que rompa las ventajas artificiales para algunos; que introduzca el criterio de la equidad de recursos y de medios; y que elimine el literalmente emprendimiento y la especulación en política, probablemente no tendríamos que bancarnos periodos de cuatro años de candidat@s que llegan al parlamento instalados por cúpulas truchas, el viejo y conocido cuatroparedismo del que tan lamentablemente tenemos cercanos ejemplos en este distrito (el de Copiapó), donde una candidatura destacó especialmente articulando el nepotismo, el cuatroparedismo y el marcantilismo político y por otra parte una ausencia total de contenido político.

Problematizar los vínculos entre dinero y política solo visibiliza una realidad histórica y coyuntural, devela las condiciones de funcionamiento real de un campo-el de la política institucional- que debe ser disputado en su propia arena simultáneamente que tensionado desde sus bordes. 

martes, 9 de julio de 2013

La Cofradía del Cassette y el Lazo Social en el Copiapó de los 90´s



La verdad es que las cosas cambian y en Copiapó una ciudad minera del norte de Chile, las cosas siempre tienden a tener transformaciones constantes, nuestras dinámicas han sido poco gentiles a la tradición, al contrario podemos decir con suspicacia que nuestras dinámicas han sido  muy espontáneamente proclives al cambio, o cuando menos a ciertos tipos de cambio.
En vista de lo anterior y ya asumidos en un interés en ese cambio constante, en las transformaciones de lo cotidiano es que pensé en compartir algunas reflexiones, las que si bien están escritas y pensadas desde provinciales memorias si se quiere juveniles, creo que trascienden con mucho su escenario como algunos amigos gentilmente me lo han hecho saber.
Más que con un lugar, creo tienen que ver con una generación, las reflexiones que siguen pueden ser entendidas entonces además como una aproximación al folclore de una generación, la de los 90`s en una ciudad algo perdida, entre cerros enclavada en el norte de un país del sur del mundo... pero podrían ser por cierto un reflejo de lo que también vivieron algunos de ustedes, visitantes de este espacio de lo innecesariamente complejo y cotidiano en otras ciudades, en otros países y rincones de nuestra muy querida región latinoamericana.
Me gustaría dejar constancia de que no pretendo plantear algo del tipo: “todo pasado fue mejor” ni nada de eso, sino reflexionar sobre algunas nuestras prácticas, nuestros objetos culturales, sobre los significados y las relaciones sociales movilizadas a través del uso de nuestros artefactos.
Vamos entonces, un poco atrás en el tiempo, a los 90´s en Copiapó una ciudad algo olvidada en el concierto nacional, de esas de las que se saltaban en el pronóstico del tiempo (el clima) en televisión, de aquellas de las que muchos no recordaban su nombre o bien confundían con otras ciudades.
Es en esa ciudad en la que viví mi tránsito niñez-juventud el marco espacial y generacional que me gustaría fijar.
Los medios masivos, las radios y la televisión principalmente emitían música de adultos o bien música romántica, para los jóvenes sólo algo del invento comercial del momento, salvo un par de honrosas excepciones de radios o programas que abriesen el espacio para la “inmensa minoría”1, no habían muchos refugios culturales para muchos chic@s en tránsito de la niñez y la adolescencia. En ese escenario es desde el que escribo.
Muy interesante resulta preguntarnos ahora sobre estas experiencias con la perspectiva del tiempo, despojados por cierto de la ilusión de tener ahora una perspectiva privilegiada para recordar, queremos partir del supuesto de que estas reflexiones no se fundan en recuerdos objetivos sino en reconstrucciones emocionales y tal vez sobre-teorizadas de la experiencia vivida y socialmente construida.
Entrando en materia, reflexionamos sobre las interrelaciones sociales, el lazo social de aquella sociología de raíz durkhemiana, sobre las formas de los vínculos sociales entre algunos  jóvenes/adolecentes de los años 90´s
En esa época el cassette era un elemento central en cierta comunidad de intereses, en un escenario muy distinto al actual, con muchos obstáculos en términos de conectividad, tecnología y el acceso al consumo cultural, donde costaba mucho más que ahora conseguir que escuchar, en un escenario en el que incluso a veces parecía imposible conseguir algo nuevo o distinto de lo que circulaba
La clave está en aproximaciones accidentadas a lo que podríamos llamar con algunos reparos como la “comunidad”, y es en esa dimensión donde un artefacto tecnológico como el casette jugó un papel clave en más de un aspecto, y que muchas veces ha sido velado en los análisis.
Antes de entrar a reflexionar sobre la experiencia generacional local podemos detenernos antes en algunas cualidades del casette y las formas en que nos relacionamos con dicho objeto.
Lo primero que podríamos resaltar como importante y en lo que siguiendo a Merton (1949) podemos identificar como su función manifiesta o siguiendo a Marx, su valor de uso, en relación a lo anterior dicha utilidad o funcionalidad apuntaba a que servía para escuchar música, fue un vehículo para la música,  es así como podemos explorar en una diversidad de formas de relacionarnos a el y por intermedio de éste a la música.. claro está, ya habían habido y de hecho aún hay artefactos que son vehículos fetiches de la música pero en el caso puntual del casette  nuestro interés está más en sus funciones latentes, vemos en aquella dimensión que este artefacto tenía tenía sus particularidades, y es a través de éstas particularidades que podemos ver acompañadas e incluso reflejadas en una serie de prácticas rituales a nivel colectivo.
Cuales eran éstas particularidades latentes del cassette?.... primero que al igual que el disco de vinilo nos llevaba a una relación especial con el tiempo, una relación más “vivida”, digerida subjetivamente puesto teníamos que “dejar correr la cinta” en un tiempo real para escucharlo. Lo anterior es bastante importante para lo que queremos llegar a reflexionar luego sin embargo me gustaría marcar el giro, la diferencia en éste punto entre el vinilo (que por cierto es un formato que me gusta mucho) y el cassette.
En este punto en realidad hablamos de varias diferencias a la vez… las que dicen relación con el hecho de que los cassettes eran reproducibles, es decir podía ser multicopiado en su mismo formato a diferencia del vinilo que quedaba  solo en su versión original… ésta posibilidad de copiado más accesible iba a tener importantes consecuencias a nivel de relaciones sociales puesto da la posibilidad de generar una red de circulación a partir de un único registro original. Lo reproducible también se relacionaba a la posibilidad de grabar el material de alguien más y también de dejar un registro de alguna canción de la radio o de hacer un compilado ad-hoc para cualquier situación, lo que marcaba además la posibilidad activa en quienes tenían cassettes, una forma de creatividad en los collages de títulos y sonidos.
Por otra parte, como otra diferencia clave el formato que protagoniza nuestra reflexión era portátil y muy práctico  lo que permitía cierta libertad de movimiento a diferencia de formatos anteriores, en ese punto  también colaboraron por cierto los aparatos reproductores como las radios chicas (a batería), los mini componentes y muy importantemente los walkman, también conocidos por acá como los “personal estereo”.. Como olvidar además el lápiz “Bic” infaltable e insuperable para adelantar o retroceder las cintas y ahorrar “pila” en el walkman. 
Ahí ya van dos características bien generales pero que creo que para el caso sirven para pensar toda una forma de vincularse solidariamente en los 90´s.
En aquella época pocos eran los espacios para quienes no nos gustaba lo que los medios ofrecían, y creo que no éramos pocos quienes nos encontrábamos insatisfechos no sólo con la oferta cultural de los medio sino que son la institucionalidad en general y el discurso del curso de la vida, el que nos auguraba una vida normal de endeudamiento y rutina.. mientras transitábamos el disciplinamiento de las escuelas y liceos.
En mi caso en particular una de mis aficiones era coleccionar cassettes, tenía unos cuantos pero más allá de tener tal o que cantidad, me acuerdo de que estaba muy pendiente de la posibilidad de conocer mediante el cassette nueva música, fue de esa forma de la que pude integrarme a grupos de amigos y conocidos en los que uno de los elementos de aceptación y cohesión  era el gusto por la música y sobre todo por la “otra música” haciendo una anti referencia a la hegemonía pop bailable y pro-sistema de la época.
Fue en éstos círculos de intercambio en los que una sociabilidad distinta se iba construyendo, de hecho para algunos de mi generación el cassette derivo la principal forma de socializar durante la etapa escolar y post escolar.. una comunidad, un grupo casi una forma de cofradía laica.. había cierta forma de vinculación durante los procesos de circulación de las novedades.
Estas novedades que por cierto tenían que ver necesariamente con los nuevos títulos, ya sean de discos o canciones, los  que iban entrando al circuito de la comunidad del cassette en aquella ciudad pérdida entre las paredes de un valle aún verde, aún húmedo que se hundía en agresivos pliegues de los cerros que nos cierran al desierto como lo era Copiapó.
De esa forma, considerando que las limitadas posibilidades formales de conseguir nueva música dentro de la ciudad, podemos referir casi como una parodia a los “viajes y descubrimientos”, los que renovarían constantemente la energía y la sopresa en la circulación al interior de la comunidad, de manera que cuando algún “viajero” tenía la aventurera oportunidad de atravesar el desierto hasta a otras ciudades, sobre todo a las grandes como Santiago, Valparaíso pero también a las del norte como La serena, Antofagasta o Iquique era casi una obligación, un deber dialéctico entre egoísta y altruista traer nueva música, ya haya sido esta original o grabada al circuito de circulación local.. de esa manera cuando uno viajaba y compraba o conseguía un nuevo casette, además de pensar en la propia colección y el prestigio que la novedad le daría, también pensaba en los amigos y el "círculo" con el que compartiría la nueva música.
En éste punto, el del compartir la música había una cuestión muy interesante y tenía relación  con cierto proceso del "desprendimiento", pensemos en cuando por ejemplo yo traía un nuevo casette y lo prestaba a un amigo, el hecho de prestarlo supone un acto de confianza, de confiarle a alguien un objeto preciado como lo eran los casettes en el círculo (o más exactamente los círculos), esto marcaba una forma de circulación desde la confianza en tanto existía algún riesgo de un objeto valorado, el que se diluía en la confianza.
Hace un tiempo le comentaba a un amigo que también había vivido lo que en estas líneas comentamos y le comentaba lo de la confianza, el me dijo “claro si de hecho, una vez me cobraste un cassette jajaja”, lo que podía ser interpretado como una falta de confianza, aquello había ocurrido cuando nos conocíamos y por tanto se entendía como algo anecdótico y me lo recordaba como reproche.
Recuerdo una vez en la que un compañero en la escuela que venía de otra ciudad, una mucha más grande le pedí prestado su casette  de soundgarden “Down on the Upside” que lo tenía original y me miro extraño.. finalmente accedió, pero una vez que yo ya lo tenía en mi poder me recordó que se lo “tenía que devolver” lo que me dio un poco de risa ya que era obvio que se lo devolvería, era parte de la dinámica del juego sin embargo esa muestra de desconfianza era esperable de alguien que venía recién llegando a ésta ciudad chica y que no pertenecía aún al círculo y que terminaría siendo un gran amigo hasta ahora.
Eso me hace reflexionar e interpretar en lo que el casette movilizaba, más allá de su condición de objeto, la confianza y la vinculación y lazo social entre jóvenes de una época, una forma especial, sui generis de solidaridad juvenil.
Por otra parte y pensando aún en la circulación, en el acto de prestar el cassette, otra cuestión que era muy característica-y retomando algo de lo planteado en los primeros párrafos- es la relación especial con el tiempo, puesto el tener que grabar un cassette entero suponía tener que escucharlo en tiempo real por ambos lados, con lo que sumamos una relación más densa con el tiempo, también en ciertamente con las relaciones cara a cara puesto eran la forma específica en como hacíamos circular la música entre nosotros . 
Recuerdo esas tardes luego de la escuela en las que llegaba a mi casa corriendo hasta la radio de doble casetera, preciado dispositivo capaz de reproducir el contenido del preciado cassette, muchas veces luego de haber grabado uno ya había aprendido la estructura del disco lo que ayudaba a entrar en una conversación con torpes pretensiones de erudición con otros amigos o amigas respecto a  los cassettes en los círculos que participaban del proceso, más allá de lo erudito o no, lo importante es que generaba un contenido compartido y que ayudaba también a generar una idea de grupo, un nosotros aunque difuso pero que si daba cierta idea de que eramos algo “distinto” a los poperos, los otros o cuando menos a quienes la música no le emocionaba….aunque ésta identidad era más bien algo tribal en el sentido de lo que años después deformarán la idea de las tribus urbanas.
Lo más entretenido de todo era que Copiapó no es una ciudad muy grande, aunque tampoco es tan chica por lo que los contenidos que circulaban, lo hacían tanto entre amigos y conocidos como también entre desconocidos, pero pensando que la dinámica de circulación era la de una forma de reciprocidad éstos desconocidos podían ser perfectamente los amigos de tus conocidos. Por lo que más allá de la cantidad de personas que practican el intercambio lo que importaba era la cualidad de la forma en la que intercambiábamos, con una relación densa con el tiempo cuando pasábamos horas grabando los cassettes (a veces más de dos) y con importantes vínculos cara a cara cuando hablábamos de ellos en la escuela o cuando éramos libres de ella en las fiestas de casas, en las peñas o simplemente en las calles mientras escondidos  compartíamos un vino a escondidas de los adultos y de la policía.
Una vez recuerdo haber comprado un casette poco común y haberlo llevado a Copiapó, una de las canciones era “In From de Storm” del disco ep the “Cry of Love” de Jimi Hendrix y que lo incluí enana cinta compilada que le presté a un amiga, recuerdo que meses más tarde hubo una fiesta o algo así en la casa de alguien y en un momento comienza a sonar “In From the Storm”, una canción muy poco común y le pregunté al dueño de casa por la canción, lo gracioso fue que el tenía una copia del compilado que yo había hecho y que había prestado a alguien algunos meses atrás, éste compilado había circulado por varias personas (que no conocí) hasta llegar al dueño de casa en esa fiesta, cosas como esas pasaban en ésta práctica social de intercambio que en cierta medida  hacen recordar la idea del “Don” de Marcel Mauss2  o incluso del “Kula” en Malinowski3, como para recurrir a dos nombres claves de la antropología (y sobre todo en temas de intercambio), que permitan conceptualizar situaciones y anécdotas como las mencionadas dentro de una dinámica de reciprocidad.
El cassette era más que sólo un artefacto musical era un artefacto que era acompañado de un rito social, de una aprendizaje de incorporar el tiempo y de relacionarte con lo otros en una época en la que los medios no nos entregaban lo que queríamos, y que mediante el formato de cassette logramos de manera espontánea y no planificada construir  por nosotros mismos un medio por el que enterarnos de los que pasaba musicalmente, también de descubrir esas joyas del pasado y por sobre todo de compartir en un contexto como el copiapino en el que era casi imposible salir de la coacción de la música de los adultos y de los idiotas autómatas consumidores de las modas comerciales de turno.
Pero más allá de lo musical que fue muy importante, la importancia fue la de haber compartido una dimensión muy relevante (la musical), en una etapa clave de la conformación de lo que somos como lo es la adolescencia dejando marcas y en algunos casos definiendo lo que seriamos como personas.
En lo musical desde el rock tanto nacional como de otros lugares (en sus más disimiles formas y des formas), fue la música con la que crecimos en el intercambio pasando por la música andina y el folclore, a la música clásica o el blues  y mucha música más llegó en un tránsito de reciprocidad y quedó para muchos marcado en nuestras vidas hasta hoy.
¿Qué hubiese sido de nosotros en éste rincón, de ese  valle accidentado y plagado de relieves que es Copiapó si no hubiésemos tenido el casette en los 90´s? al menos en lo personal, probablemente yo no estaría aquí ahora, finalizando éstas reflexiones y no sería quien soy.

1Eslogan de un programa de música de vanguardia, que invita a pensar en las masas invisibles.
2 Mauss, Marcel. 2009 [1925]. “Ensayo sobre el Don. Forma y Función del Intercambio en las Sociedades Primitivas”, Madrid: Katz Editores
3Malinowski, Bronislav. 1986. “Principales características del Kula”. En: “Los Argonautas del Pacífico Occidental”, Barcelona: Planeta Agostini

martes, 9 de abril de 2013

Hacia una Ciudadanía Política: Cambios Cualitativos en el Chile Contemporáneo


Un escrito del año pasado nunca publicado, lo compartimos antes de que añeje.....

Preámbulo
Chile ha cambiado, no es otro pero ya no es el mismo. Esta aparente paradoja en realidad puede dejarnos algo puesto los procesos de movilización social tanto derivados de las temáticas ambientales como educacionales han supuesto transformaciones cualitativas de gran importancia, las que son aparentemente menos vistosas que los cambios cuantitativos esperados, no obstante eso los hace más interesantes para la ciencia social y muy relevantes para el necesario proceso de construcción de ciudadanía en nuestro país.
Lo cierto que como ciudadano y también como cientista social creo que los procesos y las discusiones abiertas por la movilización social deben todavía profundizarse, es decir aún queda mucho por hacer tanto en lo ambiental como en referente a lo educacional, en dodos los sentidos, queda bastante trapo que cortar sin embargo quiero detenerme en aspectos subyacentes de los procesos vividos durante el año pasado y parte de éste año en relación a analizar cualitativamente las transformaciones de éstos fenómenos. 
Antes de que asumiera el presidente Piñera tuve la hipótesis que al asumir su mandato era muy probable la generación y multiplicación de algunos  conflictos sociales, no necesariamente debido a que se produjesen cambios objetivos, es decir no pensaba que hubiesen cambios sustantivos respecto de lo realizado por la concertación en los veinte años en los que estuvieron en el gobierno, de hecho ha sido un gobierno más bien de continuidad a lo hecho por sus "opositores", más bien mi impresión e hipótesis era que probablemente se produciría un giro en la subjetividad, y que éste giro subjetivo iba a ser además incentivado por la concertación ahora como oposición, sobre este último fenómeno tenía bastante seguridad del oportunismo de dicho sector político.
Pero más relevante y a la vez misterioso que lo anterior resultaba el factor de energía reprimida debido a la camisa de fuerza que la concertación practicó, durante sus veinte años en el gobierno mediante operadores políticos en el mundo social, sindical y estudiantil se liberaría en un eventual gobierno de la derecha y según algunos analistas agregaban a mi hipótesis estallaría, en sucesivos focos de conflicto. Un escenario con despligues de subjetividad muy diferentes podía hacerse presente, cabía estar atentos ante aquello.
Esas primeras hipótesis no pudieron ser comprobadas puesto el año 2010 comenzó con un hecho que cambiaría el escenario, tanto del estado como de los actores sociales en general, el terremoto de febrero de 2010.
El impacto dramático del terremoto supuso un necesario cambio de la agenda, en la medida de las múltiples urgencias que dicho movimiento sísmico y su consecuente tsunami produjo.
Posteriormente el 2010 siguió con la situación archi-mundialmente conocida del rescate de los 33 mineros lo que también contribuyó a generar condiciones muy sui generis para el 2010.
Sin embargo dichas condiciones particulares observadas durante el 2010 tendían a enfriarse y diluirse entrando el 2011, lo que permitiría el fin de la “tregua social” que la ciudadanía había otorgado a este nuevo grupo gobernante.
Lo que sigue está instalado ya en la historia, el año 2011 que como planteábamos se inició con las movilizaciones ambientalistas, movilizaciones que lograron instalar la discusión pública en la temática ambiental y en particular en el cuestionamiento de la generación de energía termoelétctrica.
Meses después observaríamos una de las más amplias movilizaciones estudiantiles de la historia, movilización que pondría en entre dicho al lucro, al endeudamiento familiar y la calidad en la educación chilena.
Al respecto y como centro de nuestro análisis, quiero detenerme en este punto, en el que recuperaré la hipótesis anterior, puesto la disolución de las condiciones excepcionales del 2010 permitirían un análisis en la lógica pensada originalmente.
La tesis central es la del giro subjetivo, es este giro el que representa el principal cambio en el Chile actual, lo que se transformó fueron las condiciones de la subjetividad colectiva.

Acto Primero
Algo de Historia Reciente: La Energía Reprimida.. una camisa de Fuerza
Para comprender las cualidades del cambio es necesario hacer algo de historia, mucho de lo que ha cambiado tiene que ver en más de un sentido con la concertación. Lo anterior debido que durante los últimos veinte años de gobierno concertacionista y muy ligado en sus comienzos al miedo a la saliente dictadura se instauró un modo de hacer en política, evitar el conflicto por miedo a los militares, la democracia era aún un intento frágil.
Aunque la timidez y el miedo inicial se matizaron con el tiempo, la evitación del conflicto se institucionalizó en el tiempo, y éste proceso fue funcionalmente aprovechado por la máquina política de la centroizquirda, llegando a ser una de las características definitorias del periodo.

Hay un elemento central y es a nuestro criterio el tendido de la red política de la concertación a través del mundo social. Esta situación es según creemos muy relevante, debido a que durante veinte años los operadores políticos al interior de organizaciones sindicales y en muchos casos estudiantiles de varias maneras hicieron contención de la energía producida por la insatisfacción de demandas ciudadanas, sociales y ambientales durante el periodo. Esta contención operaba mientras que esta energía solo crecía.
Otro factor no menos importante aunque secundario en nuestro texto es el miedo general del periodo, con primeros años cargados de miedo, una nueva democracia con miedo no solamente a las cúpulas militares sino que contradictoriamente también con miedo a la misma democracia.
Lo anterior puede ser entendido aunque no justificado en el trauma de la dictadura y sus aberraciones y múltiples atropellos, nos obstante no puede entenderse el periodo con dicho elemento como una condición importante de la subjetividad de la época.
El traspaso del gobierno al interior de la misma coalición (concertacionista) permitió mantener dicha represión institucionalizada de energías, es por eso que ocupamos la metáfora de la camisa de fuerza, creemos que podemos pensar los veinte años de concertación como un periodo de contención de energías en relación a la participación social y sobre todo política. La época de la política del consenso quedaba inaugurada y en vías de su consolidación como paradigma político. Por cierto este consenso además suponía una forma de operación matemática particular, en la que un sector político (la derecha) quedaba equiparado en prácticamente una mitad de representación política pese a sr siempre minoría, la curiosa matemática binominal, toda una rareza mundial, para los record guiness que tanto gustan por estas tierras.
Ese antecedente es necesario para comprender el contexto de historia sociológica en la que opera la hipótesis que busca explicar los cambios analizados.
Si consideramos que en el periodo de “camisa de fuerza” anteriormente mencionado, la represión de las energias y la contención de las demandas generaron una separación del ejercicio político entre dos de sus dimensiones más importantes, por una parte quedaría la “política” institucional formal, la de los partidos y la de la cooptación del estado en tanto instrumento; y por otro lado el ejercicio de la participación social de la ciudadanía. En ese sentido no sólo estas dos esferas quedan separadas, sino que la participación es deslegitimada como medio válido de hacer política desde las estructuras convencionales, lo anterior nos ayuda a comprender varios fenómenos que mencionaremos luego.
Como argumentábamos, en estos veinte años la participación ciudadana fue dejada al margen desde la hegemonía de los operadores tanto del estado como del mercado, lo que llevó a un proceso que marginalizaría (también desde los medios de comunicación) las expresiones sociales en el espacio público, es decir que de una forma tácita, velada (como es habitual en Chile) se terminaría por institucionalizar una práctica, la que en cierto grado proscribiría a la movilización social como forma de acción política.
El nuevo discurso , la episteme del periodo siguiendo a Foucault instalaría una traducción de la acción política en el espacio público como desorden y como una actividad riesgosa, lo anterior en un marco de transición aparente o débil frente al poder militar.
En ese escenario es que las movilizaciones sociales durante el periodo concertacionista terminaron asumiendo un carácter netamente ritual, antropológicamente podríamos decir que el mito se divorciaba del rito, de esta forma durante aquel periodo cada año las organizaciones realizaban las marchas en una suerte de estacionalización de las movilizaciones (inicio del año de clases, el 1° de mayo, la cuenta pública el 21 de mayo etc), el periodo de movilizaciones se reducía a unas cuentas fechas en el calendario, descontando una que otra coyuntura el resto se inscribía en un calendario ritual. Esta ritualización en el sentido de la crítica a la burocracia pudo ser en parte importante por el alejamiento de la “política” (comillas no casuales) de la praxis social.
Esta suerte de proscripción de la movilización social como herramienta legitimada ayudaría a consolidar en el imaginario social que la política es la actividad de los políticos, una profesión y que convertiría en una actividad exclusiva de los militantes mejor instalados en las redes de poder, mientras que la movilización social era socializada como desorden público, o en los discursos menos alarmantes muy acentuadamente como un riesgo de desorden, en el espacio público pero nunca como una actividad “política”, puesto esta se transforma en el periodo en una actividad gremial monopolizada.
Lo anterior nos ayuda a interpretar la deslegitimación en la que la política formal se encuentra en el momento actual, puesto la política profesional en tanto gremio especializado optaría decididamente por la legalidad de la forma, dando la espalda a la legitimidad del contenido, representado para estos efectos en el espacio público.
Acto Segundo
El Cambio de Piel: Recambios Generacionales y Comunicativos

Otro de los factores que están a nuestro criterio operando en éstos cambios cualitativos que hemos experimentado es el recambio generacional y las nuevas formas de sociabilidad contemporáneas, elementos que en sus respectivas dimensiones también suponen giros importantes, lo anterior puesto las movilizaciones del año pasado tuvieron como uno de sus diversos protagonistas a toda una serie de cohortes bastante jóvenes, básicamente nacidos en democracia por lo que hablamos de una generación que rompe con la herencia cultural del miedo, esta última, superviviente de la dictadura y de los primeros años de la democracia transicional.
Esta ruptura con lo que hemos llamado la herencia cultural del miedo tiene como consecuencia observable una diferencia sustancial respecto a las generaciones inmediatamente anteriores, a saber los nuevos jóvenes no tienen miedo, por ahí hay frases que recordaban las ingeniosas paradojas del mayo del 68 francés y que dan cuenta de éstas diferencias como por ejemplo carteles en las marchas en las que se leen eslogan como “nos tienen miedo porque no tenemos miedo”, lo anterior funciona como un ejemplo de éstos nuevos paradigmas, propios del ingreso creciente de las generaciones más jóvenes a una forma rearticulada de vivir y hacer lo político. 
El cambio de gobierno no sólo supone el cambio de una coalición por otra sino que también coincide con la temprana madurez de nuevas generaciones que no vivieron la dictadura, lo que implica un cambio en el escenario de los actores sociales, que en una fracción creciente van incorporando a jóvenes y adolescentes.. y que para los políticos del gremio representan una aproximación a lo desconocido puesto se asoman desde lo lejano de un viejo paradigma, sin las necesarias herramientas de traducción cultural.
La tecnología resulta esencial para pensar este nuevo escenario, en relación a lo anterior podemos referirnos por ejemplo a los cambios comunicativos, podemos reflexionar sobre la virtualización y la colectivización digital de la información gracias a las redes sociales.
De hecho no es aventurado plantear que no podemos pensar las movilizaciones ambientales que inauguraron la movilización social el 2011 y que cuestionaron la instalación de las centrales termoeléctricas en el norte chico sin la difusión realizada  a través de la red social como Twitter, esta red social fue central en la tarea de socializar la información y la instalación de la temática en la opinión pública..
Lo mismo puede ser analizado en relación a las movilizaciones por la educación y la utilización de la ultra popular red social faceebook (sobre todo en Chile). La utilización personalizada y la filosofía del youtube, el broadcast your self, el hágalo usted mismo, caló hondo en las comunicaciones, con lo que asistimos a un proceso que ha tomado unos cuatro años en los que los ciudadanos nos hemos independizado de la prensa formal, en este sentido la figura del reportero ciudadano ha llegado a ganar espacios incluso en la TV.
Estos dos fenómenos se cruzaron ayudando a generar condiciones de ejercicio de la subjetividad distinta a las de años anteriores.
La tecnología y sobre todo las redes sociales han contribuido a disponer de espacios de sociabilidad, los que deben sumarse a la complejidad de las nuevas masas sociales, compuestas por componentes trasngeneracionales en las que las nuevas generaciones han tenido un importante papel.
El espacio virtual  en tanto fenómeno social, si bien no es fundamental en los hechos de los que este escrito trata, si es un componente que debe ser al menos consignado dentro del análisis. Al respecto es interesante recordar mucha hipótesis fatalistas y flagelantes sobre los efectos de la tecnología y las redes sociales en los jóvenes generaría sujetos alienados de la realidad, los hechos muestran que ese pesimismo radical debe ser dejado de lado, la sociabilidad virtual ha sido un fenómeno que no sólo ha demostrado su alcance en las sociabilidades, sino que para el caso de las movilizaciones contemporáneas ha entregado una herramienta de socialización y tejido de esfuerzos antes disgregados.
Lo anterior resulta fundamental a nuestro criterio sin embargo para los fines de este texto se escapa a nuestro objetivo analítico, sin embargo debe ser consignado como un elemento más en el escenario global de los cambios cualitativos a los que asistimos, sin embargo nos dejaría dejar una pregunta abierta, para ser explorada posteriormente y es posible un espacio de sociabilidad en lo virtual?.


Acto Tercero
El Factor Piñera: Alteridad y el Antagonismo de la Dialéctica

Las ciencias sociales han discutido muy profundamente sobre el otro, para aquello han dado cabida a un concepto, el de alteridad para referir a la construcción identitaria en función de un otro, ya sea individual o social.
La psicología social estudiaría la construcción de psicológica de la identidad entendida como parte de un proceso social, la antropología tomaría nota del encuentro de los primeros antropólogos con los otros, con diversos otros, algunos oceánicos, africanos y posteriormente también nativos americanos, los que desde la diferencia contrastarían con los observadores occidentales.
Estas lecciones sobre la alteridad también han sido recogidas por la sociología, aunque aún con ligereza según creemos. Recogiendo la discusión creemos pertinente aplicarla a los fenómenos políticos, y en ese sentido nos parece que el factor Piñera como elemento de alteridad, también es relevante en el análisis sobre los cambios de las condiciones cualitativas que observamos han cambiado.
Si pensamos en el periodo de la camisa de fuerza (anteriormente referido) y la acción de contención de las redes de gobierno en el mundo social durante las últimas dos décadas.
El cambio de gobierno en 2010, supone un hito aunque gatopardista en lo objetivo no menos importante en la esfera subjetiva, y sobre todo en sus potencialidades de rearticulación discursiva. Este cambio, en el que se traspasa el mando a la derecha y sobre todo el periodo de normalización que se produce entrando al 2011 permitieron en alguna medida contrastar y reflexionar sobre la hipótesis puesto los factores coyunturales que osbtaculizaban el análisis se regularizaban.
En el escenario 2011-2012 la condiciones para las que fue pensada la hipótesis eran las medianamente propicias, algo al respecto comente el año pasado, en una jornada de reflexión sobre las movilizaciones estudiantiles a la que me invitaron algunos dirigentes estudiantiles y sociales acá en Copiapó.
En este punto varios son los elementos que permiten pensar en un nuevo escenario, primero que ya no es la centro izquierda sino la derecha nuevamente en el poder y por sobre todo el factor del personaje Piñera, al que debemos sumarle el rol de presidente y lo que el análisis de ambos elementos en conjunto permite.
Lo anterior debe ser entendido en un escenario general en lo estructural en el que no ha habido cambios sustantivos en relación a los gobiernos de concertación. En ese sentido estamos de acuerdo con quienes señalan que no hay mayores diferencias entre los gobiernos de la concertación y el de la derecha, objetivamente no son significativos si es que los hay. No obstante si planteamos que con este cambio se generan las condiciones de posibilidad de nuevas configuraciones subjetivas y con ello el germen de los cambios subjetivos a nivel social y en consecuencia también políticos.
Volveremos al factor Piñera pero antes nos introduciremos algo más en ideas sobre el lenguaje, la cultura y lo político.
En esta interesante dimensión en la que nos interesa detenernos algunas líneas, en este aspecto creemos que podemos entender lo social y lo cultural como fenómenos humanos constituidos como tales a través del lenguaje. En ese sentido el discurso en sus múltiples conceptualizaciones nos es de gran utilidad para interrogar los fenómenos políticos contemporáneos.
En relación al cambio que objetivamente sindicamos como gatopardista, esto es, el cambio los inquilinos de la moneda de concertacionistas por aliancistas no representa como ya indicáramos cambios objetivos sino posibilidades de cambio subjetivos. En esta dirección es que planteamos que lo que opera es la posibilidad de desestabilización del discurso, a posibilidad de una nueva episteme, la posibilidad de nuevas regularidades discursivas.
En esta dimensión si bien los cambios operan a nivel intangible no son menos relevantes puesto como todo fenómeno del lenguaje implica expresiones en los planos de la sintaxis, la semántica y la pragmática, es decir en la organización de los elementos del discurso, las significaciones sociales y los efectos en la praxis, todos estos fenómenos operan simultáneamente en la cultura como fenómeno mediado en el leguaje.
Al respecto del cambio de gobierno supuso la incorporación de algunos elementos que permitieron una nueva sintaxis discursiva, nuevos significados y la “posibilidad” de nuevos aspectos de praxis social y política.
Piñera en tanto factor, se constituye en un significante resignificado en su rol de presidente, al respecto este personaje representa características particulares, principalmente el ser un empresario, además no es cualquier empresario sino que es uno millonario, incluso algunos creemos que es más bien un inversionista que un empresario y como factor no menor, a toda su representación simbólica en términos del poder del mercado su condición de presidente significa además la conquista del estado y del poder del monopolio de lo público.....creo que en términos de condiciones de subjetividad acá hay un cambio relevante, pues se constituye en un otro, es una expresión de la alteridad para el mundo social, mundo que había estado por años contenido y que ahora encuentra una condición subjetiva propicia para su auto concepción como sujeto social. 
Foto: El Ciudadano. Noticias que Importan
El presidente Piñera se constituiría como un otro ideal, sobre todo si consideramos las reflexiones de las secciones anteriores de ésta columna, es decir se constituiría en un otro ideal para la consolidación de la acción política desinstitucionalizada de la ciudadanía, acá encontramos la forma de praxis.
A lo anterior hay que agregarle que si en veinte años la energía fue reprimida en parte desde los infiltrados del mundo político, debemos considerar que no había un otro social, un sujeto de alteridad, un objeto de liberación de energía y el presidente Piñera vendría a cumplir dicha función para el movimiento social, se transformó en un objeto para la liberación de la energía reprimida, su imagen de empresario millonario motivaría tanto la expresión de energía de las cohortes anteriores (liberación de energía), ya cansadas de la dinámica agotada del manejo de la política como una actividad en evidente divorcio de la ciudadanía como de las cohortes más jóvenes quienes son parte de una paradigma emergente que muy poco tiene que ver con los anteriores y que no tendría miedo en el espacio público.
Un movimiento social en tanto sujeto colectivo requiere de una otredad, Piñera se constituyó en su sujeto de alteridad.
Como planteaban Laclau y Mouffe (1985) no es posible una perspectiva y una praxis radical sin un antagonismo, tenemos acá a la vieja y querida dialéctica, ahora en una nueva re-interpretación contemporánea, si se quiere posmoderna.
Podemos entender parte de este proceso como un fenómeno social en que la construcción de identidad y alteridad no dejan espacios a la claridad de la lógica formal, decantando por una forma plenamente dialéctica, compleja y en conflicto.
Las condiciones subjetivas se presentaban distintas y a su vez engendrarían diferenciación en el proceso.

Acto Cuarto
Movilización, Democracia y Nuevos Paradigmas

Los cambios cualitativos tienen que ver no sólo con las condiciones locales (nacionales) sino que se enmarcan en alguna medida de dinámicas históricas de mayor alcance:
La mal leída condición de posmodernidad, anunciada desde Wrigth Mills (1959)1 pero difundida mundialmente por Lyotard (1979)2 y también el post estructuralismo, especialmente en sus vertientes francesas nos ayudan a interpretar un mundo distinto, un mundo en el que las instituciones independiente de sus operadores pierden consistencia, enfrentamos en diversas medidas crecientes procesos de desinstitucionalización, tensiones crecientes entre el individuo y la sociedad como entre otros ha sugerido Touraine (1994)3, además de una diversificación de los discursos y de sujetos de enunciación, en una polifonía discursiva, una heteroglosia que tensiona la homogeneidad que emana desde las instituciones y sus praxis disciplinantes.
Esta proliferación de la diversidad tiende a resaltar y relevar las particularidades ahogadas por las instituciones modernas, estacionadas en el reciclaje del principio de identidad de Aristóteles.
La rigidez y la homogeneidad de las instituciones se fracturan por la diversidad de discursos minoritarios y contrahegemónicos, lo que lleva a un paisaje cualitativamente distinto desde la perspectiva del análisis sociológico.
Es en ese marco general el que podemos comprender los efectos de los procesos sociales que estallan, o que más bien germinan y brotan en Chile a partir del año pasado (2011, debido a que el escrito es del 2012), los que si bien aún no cumplen sus demandas reivindicativas, significan un importante giro, no sólo político sino que también de renovación cultural, puesto ha iniciado procesos de cambio a partir de nuevas condiciones subjetivas. Es cierto es sólo el inicio, si aceptamos las reflexiones planteadas anteriormente como teóricamente válidas.
Desde una perspectiva funcionalista podemos establecer una analogía entre los objetivos, sus pretensiones y las consecuencias en tanto movimiento social y el tratamiento que se ha realizado de las funciones en el estructural funcionalismo estadounidense, al respecto podemos plantear que si bien los objetivos, representados en gran parte de las demandas reivindicativas que constituyen el programa del movimiento social no se han cumplido y no han sido satisfechas, es decir su función manifiesta, declarativa aún no ha sido materializada, sigue pendiente, por otra parte podemos identificar los cambios cualitativos que comienzan a brotar con las funciones latentes, estas consecuencias no necesariamente buscadas pero que si se producen, reflexión que se deriva de las ideas ya clásicas de Merton (1949)4.
Por otra parte creemos que las reflexiones que hicieran muy tempranamente Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en 19855 sobre su tesis de la democracia radical, justificando esta como un objetivo factible, no sólo son pertinentes sino que además son coherentes en varias dimensiones (aunque destacamos que no es recomendable des-especifizar dichos fenómenos)con los procesos políticos posmodernos en general que hemos observado (indignados en España, la primavera árabe y otras movilizaciones similares en el concierto internacional) y el chileno contemporáneo en particular que ya hemos al menos mencionado.
Al respecto la deconstrucción de las categorías clásicas de sujetos históricos y políticos, como por ejemplo la “clase” y sus derivaciones marxistas como la clase obrera revolucionaria, no solo ha sido deconstruida desde lo lingüístico sino que desde la praxis puesto que ha ido dejando paso no sólo a la necesaria emergencia de nuevos discursos y sus sujetos, los que antes fueran absolutamente invisivilizados por las ortodoxias modernistas liberales y socialistas (mujeres, indígenas, jóvenes, ambientalistas localistas etc), sino que también rescatamos su tesis del encuentro y alianza de los sujetos diversos incorporados a un juego dialéctico de oposición a las formas comunes de subordinación social.
En palabras más simples la radicalización de la democracia supone una alianza de las diversidades existentes en la sociedad civil, en contra de las formas de subordinación que les son comunes a los diversos sujetos de los discursos emergentes. Se requiere tanto de anular la identidad ficcional de las categorías clásicas, las que invisibilizaban y anulaban la pluralidad de la sociedad como también del a veces complejo trabajo de búsqueda de objetivos comunes en la diversidad. 
Puede ser pertinente revisar en este punto el manoseado concepto del consenso social, puesto desde la retórica tradicional esta noción aparecía así como una oveja... pero en realidad podría ser un lobo, un lobo disfrazado, la deconstrucción permitía entender al consenso como un significante que puede ser sacado de su centro de significado en un discurso y con ello develar lo no dicho, sus omisiones, muy pertinente me parece recordar que toda “forma de escritura es simultáneamente una borradura” como decía Derrida , es una exclusión consolidada, en un discurso que busca una estabilidad permanente, la que considerada como una categoría hegemónica impuesta desde un discurso homogenizador implicaría el fin de la política y de la ética (Derrida 1998) .No obstante cabe destacar que desde esta perspectiva cualquier forma consensual supone una clausura de lo político, la democracia y lo político en un contexto democrático suponen la imposibilidad de cierre, con lo que se posibilita la competencia y el conflicto, y con ello lo político como planteara Laclau (1998)6.
Otra condición claramente posmoderna o posmarxista destacada por los autores es la renuncia a las concepciones lineales de la historia lo que no supone una negación del conflicto sino su instalación en una marco orientado más en la noción del devenir de lo incierto que en el futuro predecible (recogiendo las ideas de Derrida sobre el tiempo).
A lo anterior debemos agregar la elaboración de formas propias y emergentes de la espontaneidad no institucional como mecanismos de acción y sociabilidad política, la nueva política radical emerge desde los márgenes de la política formal, las movilizaciones chilenas del 2011 comparten gran parte de dichas cualidades, tanto el Punta Arenazo del verano del 2011, como el salvemos Punta de Choros, como el no a Castilla, la extensa movilización nacional por la educación y por cierto la reciente y exitosa movilización de los vecinos de Freirina y por cierto la larga serie de movilizaciones en contra de la termoeléctrica Castilla en Totoral, han sido movimientos que han emergido combinando ciertamente un importante componente de fuerzas que venían desde los márgenes antes proscritos de la política, los que en su mayoría no han sido fundados en la estructuración institucional y en todas ellas vemos una confluencia de sujetos y discursos diversos y plurales que en la unión se oponen, antagonizan a una forma común de subordinación que los ha aquejado. 
No obstante para ser justos es necesario destacar que estos también se han combinado con bases políticas, sindicales más convencionales.

Final!!
Conversaba hace unos días con una colega la que me decía que los movimientos sociales no servían, que lo que era necesario era el diagnóstico técnico, ante lo que le dije que si observábamos muchos de los cambios positivos en las políticas públicas y las legislaciones que han beneficiado a la población, no puede desconocerse que muchos de ellos han sido motivadas por la movilización social, por la calle y no por la voz de los técnicos. En ese sentido, mi interlocutora puede entenderse como parte de un discurso en el que lo político excluye la movilización y por lo mismo da cuenta de imaginarios sociales reales.
Me parece que las movilizaciones han logrado avanzar en proceso de legitimación de una forma de acción antes solo ritualizada, y que ahora es dotada de un nuevo contenido mítico, de un reencuentro del rito y el mito.
En ese sentido, mi interlocutora puede entenderse como parte de un discurso en el que lo político excluye la movilización y por lo mismo da cuenta de imaginarios sociales reales.
El conflictivo caso del proceso de cierre de la planta de agrosuper en Freirina es el mejor ejemplo de ello, un nuevo paradigma se podría estar gestando, un paradigma en el que la ciudadanía amplia y también diversa, levanta su voz y altera las agendas de gobierno, transforma realidades o cuando menos aspira decididamente a hacerlo, denotando una intencionalidad política de mayor claridad. Aunque por otra parte siendo científicos creemos que las condiciones de Freirina son sui generis y no pueden ser extrapoladas a otros contextos mecánicamente, no obstante dan cuenta de fenómenos que expresan lo argumentado en secciones anteriores.
En algún momento estos procesos de radicalización pueden encontrar barreras en algunos contextos en función de dinámicas culturales, las que sin embargo pueden y deben ser primero estudiadas y comprendidas y luego superadas o mitigadas con inteligencia, como en el caso de nuestra ciudad Copiapó en la que la situación ambiental sobre todo hídrica hace necesario el involucramiento activo y crítico de la sociedad civil. Contemplando las dificultades que el caso copiapino ha presentado histórica y coyunturalmente a tales desafíos.
Es necesaria una recuperación de la voluntad reivindicativa, también de la participación y el encuentro social de la ciudadanía, pero esto requiere de ensayos de fórmulas de praxis novedosas y arriesgadas y de actores y grupos resistentes a las dificultades que presenta toda vía exploratoria. Sobre todo de pensamiento estratégico, para trascender los limites históricos de la minoría ciudadana organizada, es necesario saber llegar al ciudadano sin organización, situación que en alguna medida el año pasado se logró, lo que hace imperativo no retroceder en dicha dirección y pensar y repensar las formas de comunicación con la ciudadanía atomizada.
No obstante lo mucho que queda por transitar en este proceso recién iniciado creemos que las movilizaciones del año 2011 y por cierto las actuales suponen un giro subjetivo, cualitativo que implican una oportunidad de una nueva política. Somos lo mismo pero ya somos diferentes, por lo que para cerrar repito lo que use para abrir y vuelvo a la frase con la que inicié la columna, Chile no es otro pero ya no es el mismo.
Para cerrar, y habiendo explicitado mi posición frente a los nuevos fenómenos políticos es claro que quien suscribe sospecha de las estructuras y del papel de las instituciones, no obstante considero necesario no facilitar una lectura maniquea del fenómeno político actual en Chile, lo último que pretenderíamos es forzar una senda de tercero excluido, donde se establezca una dicotomía entre lo nuevo y desinstitucionalizado y lo viejo, lo institucionalizado, nada más lejos de nuestra posición.
Al respecto no pretendemos homogenizar el discurso ni tampoco la demonización automática de las instituciones modernas de las que desconfiamos, ni mucho menos descartarlas puesto comprendemos el carácter híbrido de los social, en el que la coexistencia de formas de distinta data y naturaleza es parte de la dinámica social. Apostamos no obstante, por una emergencia de nuevas formas de vivir lo político, nuevas formas de politización, las que discuten el monopolio de la política profesional, en un desplazamiento de lo político. Este desplazamiento creemos es una oportunidad, una re oxigenación social del ejercicio de las aspiraciones públicas, la posibilidad de quiebre en el monopolio de lo político, en ningún caso una garantía.
Al respecto nos parece necesario introducir una última reflexión, ésta apropósito de la tentación progresista a la auto mitificación de cualquier manifestación de fuerza social, esto debido a que dicha tentación puede llevar ciegamente a una bifurcación entre dos caminos, los dos inadecuados a nuestro criterio, como lo son el autocomplaciente, en el que el 2011 pueda interpretarse como el despertar de una continuidad histórica de lucha social que conecté en una continuidad artificial un repertorio de hechos históricos que obedecieron a condiciones históricas y configuraciones subjetivas distintas, lo que debe ser descartado en función de los exámenes diacrónicos, los que suponiendo distintos puntos en el tiempo ni necesariamente suponen continuidades. Por lo demás la continuidad es un sesgo auto impuesto por los imaginarios disciplinarios de la historiografía moderna, no una realidad en si.
Por otra parte, su contraparte negativa, autoflagelante y pesimista que dice que nada ha cambiado después del 2011, que todo sigue igual.
En relación a dicha posición puede entenderse en el examen de las llamadas funciones manifiestas de la movilización en relación a lo político en Chile, en relación a dicho examen, es cierto los cambios no son los manifestados en los discursos no obstante esta posición no considera las funciones y aspectos latentes, y es en estas dimensiones en donde encontramos lo que hemos llamado las nuevas condiciones subjetivas y los potenciales cambios cualitativos en los social y la re-configuración posible de lo político. El pesimismo ciego de lo latente como el exitismo son ciegos ante dichos transformaciones subterráneas de la subjetividad.
Creemos que los fenómenos referidos en este texto suponen una trizadura en el cristal, y como tal una posibilidad abierta pero no garantizada, sin embargo es un fenómeno relevante y que marca un giro interesante y que abre las posibilidades ara una re escritura de lo político.
Dichas re escrituras y desplazamientos son a nuestro juicio inscripciones históricas en el tejido de la coyuntura y el devenir, solo comprensibles dentro de un cambio subjetivo como el analizado en las páginas anteriores.


1 Wrigth Mills, Charles. “La Imaginación Sociológica” 1959
2 Lyotard, Francois. “La Condición Posmoderna” 1979
3 Touraine, Alan. “Crítica de la Modernidad”. 1994
4Merton, Robert. “Estructura y Función Social”
5 Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal. “Hegemonía y Estrategia Socialista: Hacia una Radicalización de la Democracia” 1985
6 Mouffe, Chantal (compilación). “Deconstrucción y Pragmatismo” 1998.  

lunes, 25 de junio de 2012

Sobre la Inmigración Actual y Algunas formas de Segregación Social En Copiapó



Por: Francisco Astudillo Pizarro
"se es extranjero sólo ante los ojos de los autóctonos"
Tzvetan Todorov, "El Cruce de las Culturas"


Entre varias situaciones y fenómenos que se han podido notar en distintos niveles en el día a día en Copiapó, derivados de las inversiones que protagonizan parte de la estructura económica regional y local, una de dichas cuestiones que se ha comenzado a notar ha sido el aumento de la inmigración extranjera en la ciudad, motivada por la “promesa de desarrollo” de la región, en particular de una de sus dos grandes áreas industriales (la gran minería).
http://www.accionag.cl/archives/2872
Esta inmigración ha podido ser notada en parte por la visibilidad de ciudadanos extranjeros en las calles y en distintas actividades de nuestra ciudad. Y efectivamente se ha producido un aumento en la inmigración extranjera en los últimos dos años en nuestra región  y en particular en la ciudad de Copiapó.
Pero la inmigración extranjera, más visible por la llegada de ciudadanos de otros países debe ser puesta en perspectiva y en contexto.
En ese sentido nuestra ciudad y nuestra zona desde hace bastante tiempo que ha optado por una estrategia productiva en la que la minería ha tenido gran protagonismo, lo que ha derivado en una constante inmigración sobre todo a nivel nacional, es decir que desde hace ya 150 o 160 años que nuestra economía se mueve con un fuerte componente de inmigración, procesos que han significado una tendencia presente a través de parte importante de del devenir de nuestra historia local.
Por lo mismo lo primero que me gustaría destacar que la inmigración no es algo nuevo, ha sido un fenómeno que nos ha acompañado de hace ya bastantes años.
Incluso en algunos momentos la presencia de inmigración extranjera fue notoria en ciclos de bonanza económica en el siglo XIX, es decir no es algo nuevo.
Sin embargo es claro que la inmigración ha sido preponderantemente nacional, es decir si bien siempre ha habido inmigración en diversos niveles esta ha obedecido a movimientos migratorios principalmente dentro del territorio nacional.
Probablemente este hecho, sumado a una falta de habituación para la ciudad de Copiapó al encuentro con sujetos de alteridad distintos a lo acostumbrado derive en una visibilidad actual de la inmigración extranjera, haciéndola por motivos relativos a lo anterior cuando menos llamativa para los observadores cotidianos, lo que podemos entenderlo en función de notar que Atacama y Copiapó no han sido territorios en los que la interculturalidad se haya trabajado mucho desde el estado y sus instituciones, esto debido a especificidades relativas a una presencia menor de alteridades contrastantes, lo que ayuda a explicar en parte la atención que despierta en algunos.
Otra  idea que me gustaría destacar es que la inmigración es siempre una oportunidad puesto implican una instancia de intercambio de experiencias y saberes que enriquecen siempre las relaciones sociales y refrescan la cultura por lo que me inscribo entre quienes abogamos por una preocupación por las condiciones de integración de los inmigrantes que hayan llegado y que puedan llegar en el futuro. Podemos ensayas una eventual respuesta a si podemos aprovechar mutuamente la inmigración en tanto oportunidad.
Al respecto y centrándonos en el contexto actual de nuestra ciudad podemos hacernos la pregunta sobre como recibe nuestra ciudad a los inmigrantes? La respuesta es compleja y puede comenzar a construirse en virtud de reflexiones en diversos ámbitos distintos y que orientaremos en función de una perspectiva crítica hacia algunos de los mecanismos de segregación social.
Lo Laboral como Perta de Entrada
El primero de ellos que abordaremos es el ámbito laboral puesto es en este en donde podemos situar lo que llamaremos la estructura de oportunidades.
Al respecto y en el contexto de la estrategia de desarrollo vigente en la zona es el mercado laboral el que podemos considerar como uno de los portales de ingreso más importante a la integración social en el contexto local, es decir que mediante la incorporación al mercado del trabajo y las formas en que se pueda acceder es un factor clave en la forma como la ciudad reciba a quienes llegan.
En ese sentido y retomando el discurso flotante que augura una “promesa de desarrollo” desde parte de el sistema productivo local, podemos observar que esta promesa, y algunas de sus manifestaciones motivan gran parte de los movimientos de inmigración a nivel local puesto la fuerza motivadora es la búsqueda de nuevas y mejores oportunidades en lo que se presentaría como una tierra de nuevas alternativas para los inmigrantes.
No obstante en este punto podemos identificar una tensión, que en alguna medida puede ayudar a discutir el argumento de la promesa como una afirmación falaz en el sentido de que existe una tensión entre las expectativas de incorporación al mercado laboral y las oportunidades reales que la industria y su planificación formal ofrece, en ese sentido la promesa puede ser entendida como la invitación a una fiesta que en realidad no es para todos.
La planificación en el contexto de nuestra estrategia de desarrollo vigente, que a mi criterio no es sustentable ha derivado en una agudización de una planificación en función de la rentabilidad y no de factores fundamentales como por ejemplo la sustentabilidad y la urbanización adecuada.
Ya son evidentes en ese sentido las consecuencias ambientales, las que hemos tratado en esta y otras tribunas, así como también las incipientes consecuencias en términos de desarrollo urbano que también hemos sugerido en algunas instancias anteriores, en ese sentido y volviendo al tema central de este comentario, la inmigración y retomando el factor laboral.
Al respecto queremos concentrarnos en la tensión entre las expectativas de la promesa de desarrollo y la oferta real de incorporación al trabajo. Lo anterior ha redundado en una incorporación precarizada al trabajo, dando cuenta de un rango que puede varias desde el trabajo precario legal, hasta el informal en distintas versiones.
Esta forma de incorporación que llamaremos marginal, en sentido sociológico y no moral (debido que opera en los márgenes) ha sido lamentablemente la forma de incorporar a crecientes poblaciones de personas tanto chilenos como extranjeros, y es para grupos de inmigrantes que han llegado recientemente en medida exponencial.
En este tipo de incorporación podemos observar a inmigrantes de países vecinos como Perú, Bolivia y Colombia quienes pese a en porcentaje casi total poseen sus papeles de inmigración al día, ven como puerta de entrada (al igual como algunos grupos de inmigrantes chilenos) una incorporación laboral en peores condiciones que las promedio para ciudadanos chilenos ya establecidos.
La Segregación Urbana
Por otra parte y conectando al elemento urbano, esta incorporación dificultada al la estructura de oportunidades local tiene sus expresiones urbanísticas en tanto de que las posibilidades de asentamiento urbano apara muchos inmigrantes también son limitadas.
Lo que ha llevado al aumento notorio de las familias inmigrantes extranjeros en algunos campamentos, dando por resultado la conformación de “campamentos dentro de campamentos”, sub asentamientos en los que extranjeros se agrupan y desarrollan relaciones de reciprocidad para enfrentar la vida en estas nuevas tierras.
Respecto a lo anterior la situación en campamentos en los que ya las condiciones objetivas de habitabilidad no son óptimas el crecimiento de algunos sub asentamientos extranjeros en su interior ha propiciado condiciones de sociabilidad en conflicto entre chilenos y extranjeros, campo propicio para discursos de discriminación en dichos contextos basados en una situación compartida con ausencia de servicios, urbanización y la consecuente insatisfacción de necesidades.
La situación anterior precariza la habitabilidad de los habitantes de los campamentos así como también de quienes llegan a ellos, observamos acá una derivación de la incorporación segregada mercado laboral, de quienes llegan a  nuestra ciudad, lo que ayuda a reproducir lógicas de segregación urbana ya existentes, las que tienen a su vez expresión en el sistema de escuelas de nuestra ciudad. Estos problemas tal vez no sean visibles para quienes estamos en la relativa comodidad de otros sectores urbanos pero constituyen la cotidianidad en muchos vecinos de nuestra ciudad, particularmente en algunos campamentos y poblaciones segregados, alejados por esta segregación de forma simbólica y social pese a su cercanía en términos físicos..

La pregunta sobre si estamos preparados para recibir a nuevas poblaciones debe ser tratada con cuidado, puesto puede entenderse como un cuestionamiento a la inmigración, nada más lejos de aquello, lo que planteamos en particular, fue alalizar el fenómeno en función de la forma concreta de integración al circuito laboral, puesto de esto depende en gran parte (en nuestro contexto actual) la forma de incorporación social, en términos de una mirada global ya que muchas veces estas nuevas poblaciones  ven dificultado el acceso ala estructura de oportunidades, con lo que entran en una dinámica de incorporación a la ciudad en la que se ven segregadas en función de estos factores y marginalizadas desde la hegemonía establecida local.
De ello puede derivar o bien la construcción o la reproducción de un conjunto de estereotipos discriminatorios hacia nuestros nuevos vecinos, lo que debemos evitar y combatir con miras a construir mejores condiciones para su integración y con ello contribuir a una ciudad para vivir en diversidad y no para la rentabilidad de sólo algunos.
Son muchos los elementos que quedan por plantear y probablemente habrá oportunidad de hacerlo sin embargo creo que par finalizar podemos conectar lo planteado en una crítica a un modelo de desarrollo centrado en lo económico, motivado por la rentabilidad y no por la sustentabilidad social y ambiental.